sábado, 27 de septiembre de 2008

INCÓMODO ENCUENTRO EN UN CAFÉ DE CABALLITO, CASI VILLA CRESPO

Sentado en el Café, espiaba durante horas lo que podía verse desde el gran ventanal. Generalmente, me concentraba en intentar descifrar lo intangible, lo que corría por debajo de las apariencias de lo obvio, cómo si algún lenguaje en clave se manifestara para quien supiera interpretarlo: una especie de jeroglífico metafísico que la vida nos presentaba con ánimo lúdico y sapiencial, algo impalpable y notorio aún en su invisibilidad pero que estaba ahí, junto a nosotros, danzando a nuestro alrededor. De tan ensimismado que estaba en mis cavilaciones, no reparé en ella hasta que oí su voz - “¿Cómo estás?” - y giré mi cabeza para verla. Parada ante mí, descubrí que seguía como siempre, hermosa e idéntica a sí misma. Sus ojos no se apartaban de los míos, y en ellos se le velaba una sombra de tristeza sobre cuyo orígen no me atrevía a especular aunque me tentara hacerlo. Tuve que dominar el fuerte deseo de salir corriendo y aliviar un cúmulo de sensaciones que me oprimían dolorosamente el corazón. Sin embargo, no sólo no lo hice, sino que la invité a sentarse a mi mesa. Aceptó el ofrecimiento con una sonrisa difícil de interpretar y tomó asiento enfrente mío. La luz solar incidía sobre su piel pálida le confería un brillo que potenciaba la fuerza de sus rasgos y evidenciaba aún más su agradable ecuación facial. Sentí, entonces, cómo mis células palpitaban trémulas ante la evocación de aquellos días de tristeza infinita y transitar por túneles oscuros y ansié, con todas mis fuerzas, estar en medio de un sueño. Deseé no haberme levantado aquella mañana o haber acudido a otro Café o, simplemente, que ella no estuviera ahí, observándome y con intenciones de hablar conmigo.

- te veo bien

- será porque estoy cerca….

- ¿todavía me guardás rencor? – preguntó con una bajada de ojos

Le indiqué que no con la cabeza e interrumpimos la conversación ante la llegada del mozo. Pedimos dos cafés y reanudamos un diálogo que se presagiaba antinatural y difícil.

- ahora sos famoso…..leí tus novelas y te sigo en el diario, la radio y te veo cuando salís por televisión….te queda muy bien el pelo canoso….

- ¿pensás que eso es importante para mí? Ser famoso, digo……Preferiría mil veces ser un empleado bancario o municipal y tenerte a mi lado…..

- mirá, nos estábamos asfixiando juntos….conmigo a tu lado tal vez nunca te habrías convertido en escritor…

- o tal vez sí….en todo caso, da igual, porque lo pasado, pasado está, y ya no tiene arreglo……. ¿a vos te fue bien? – desvié el tema con miedo a que continuara justificando nuestra pretérita separación

- tengo una nena de tres años

- eso no es una respuesta

- no, no me fue bien…..no pasé de ser ama de casa, si te referís a eso… dejé todos mis proyectos estacionados…..me casé, y ahora me estoy divorciando…..mi marido está en la cárcel……era uno de los abogados implicados en el caso Frattini…¿y vos?

- ¿yo? yo tengo un perro, y jamás me sentí más querido, si te referís a eso

Seguimos hablando de banalidades y cualquier cosa que eludiera comprometidos silencios hasta que, una hora después, nos despedimos con un beso en la mejilla y un mirarnos suplicante que transmitía nuestra condición de fracasados. La vi alejarse y no pude evitar pensar en las cosas que habrían podido ser y que no fueron, de cómo yo pensaba que nos parecíamos y estábamos hechos el uno para el otro y terminé equivocándome, en cómo tras su abandono me aislé en el gueto privado de mi departamento, ajeno a todos y yendo a la deriva en un mundo del que había perdido las referencias, en lo absurdo de mis promesas de no volver a exponer mis sentimientos por nada ni por nadie, en cómo mi familia y amigos lograron rescatarme de una existencia turbulenta cuyo horizonte era la muerte trágica, en los celos que sentí por no ser el padre de esa criatura, en…..en tantas cosas, que se me hizo un nudo en la garganta y abandoné el local, necesitado de salir fuera y rebajar mi tensión emotiva. Cuando llegué a casa, Sigmund, un perro mezcla de fox terrier y no sé qué más que rescaté de la perrera, me saltó encima, poniéndome las patas en el pecho y lamiéndome la cara. Lo abracé, y tras acariciarle repetidamente la cabeza, le puse la correa y me lo llevé al parque. Es quién más me quiere y, cómo poco, se merecía un paseo; el pobre, se conforma con tan poco.....¡.

19 comentarios:

ana maria parente dijo...

Casi en mi barrio ,tratando de convertir a un colega"delincuente "en cornudo.Me parece que este personaje es realmente peligroso.
Porqué nunca sus personajes se encuentran en Madrid y siempre lo hacen en Buenos Aires?
Es gran verdad que por más que se sea famoso SI NO SE ESTA AL LADO DE LA PERSONA QUERIDA NADA VALE.

Makiavelo dijo...

Maestro, vas a tal velocidad que me cuesta trabajo seguirte, el anterior lo leeré con calma.

El texto es para matrícula de honor, aunque la eterna presencia persiga al personaje de modo fantasmal.

Muy bueno.

Saludos.

Remembranza dijo...

Después le comento, no se enoje, pero me dio tanta gracia lo del marido en la cárcel.
Esto va a traer cola.
Un abrazo

Juan Pablo dijo...

El día que se me muera Peluca tendré que disfrazarme con todo y peluca.

Saludos Charles.

Carlos Paredes Leví dijo...

Ana María Parente:
En Buenos Aires, porque es mi ciudad natal y porque me parece un lugar más propicio para que pasen cosas. Los Cafés de allá tienen cierto encanto que se potencia con los especímenes humanos que congregan....Tal vez esté demasiado empapado de literatura argentina o tal vez sea demasiado borgiano....
Si uno no tiene quien le quiera, todo lo demás pasa a ser secundario.
Un saludo.

Carlos Paredes Leví dijo...

Makiavelo:
Me alegro que te guste. De vez en cuando me ataca la necesidad de escribir y no puedo ni quiero limitarla...
Un saludo.

Carlos Paredes Leví dijo...

Remembranza:
Me sorprende usted....
Un saludo.

Carlos Paredes Leví dijo...

Juan Pablo:
No piense en cosas tristes y disfrútelo mientras pueda.
Un saludo, compañero.

Ichiara dijo...

Sí que es muy borgiano el concepto del encuentro. La historia cubre las expectativas de un día de lluvia: purificante, recogida, melancólica. El detalle de ese alguien que espera en casa es reconfortante. A veces uno sólo necesita sentir la presencia, cubrir los espacios vacíos. Lo otro pertenece al recuerdo, al pasado, y no al futuro.

Muy bueno. Besos

Carlos Paredes Leví dijo...

Isabel Chiara:
Sí, no hay nada comparable a que alguien te esté esperando cuando llegas a casa...
Un saludo.

Peggy dijo...

Post sentido ,nunca sabremos lo que pasaria si hubieramos reaccionado con nuestros amantes de diferente forma , casi mejor no pensarlo ...y seguir para adelante con la esperanza de que la vida nos guarde gratas sorpresas ... :)

Carlos Paredes Leví dijo...

Peggy:
Yo nunca lo pienso porque no sirve de nada y porque es mucho mejor pensar en lo que puede venir...
Un saludo.

Churra dijo...

Esos reencuentros deberias estar prohibidos por la ley.
Ah , y a ciertas alturas no hay nada como un buen paseo.
Un beso

Carlos Paredes Leví dijo...

CHurra:
YO secundo su propuesta....claro, un paseo, que siempre es mejor que perderse en recuerdos y ensoñaciones....
Un saludo.

Ma. Candela dijo...

El inicio me recordó el monólogo de Castel en la obra de Sábato:

"¡La hora del encuentro había llegado! Pero ¿realmente los pasadizos se habían unido y nuestras almas se habían comunicado? ¡Qué estúpida ilusión mía había sido todo esto! No, los pasadizos seguían paralelos como antes, aunque ahora el muro que los separaba fuera como un muro de vidrio y yo pudiese verla a María como una figura silenciosa e intocable... "

No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió, diría Sabina... Yo, siento que rebanarse los sesos especulando conjugando los hubiera es malgastar la vida porque al contemplar un espejismo podemos perder la felicidad que ante nuestros ojos desfila...

cafecito?

Ma. Candela dijo...

El inicio me recordó el monólogo de Castel en la obra de Sábato:

"¡La hora del encuentro había llegado! Pero ¿realmente los pasadizos se habían unido y nuestras almas se habían comunicado? ¡Qué estúpida ilusión mía había sido todo esto! No, los pasadizos seguían paralelos como antes, aunque ahora el muro que los separaba fuera como un muro de vidrio y yo pudiese verla a María como una figura silenciosa e intocable... "

No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió, diría Sabina... Yo, siento que rebanarse los sesos especulando conjugando los hubiera es malgastar la vida porque al contemplar un espejismo podemos perder la felicidad que ante nuestros ojos desfila...

cafecito?

Carlos Paredes Leví dijo...

Ma. Candela:
Sí, esas especulaciones nostálgicas no llevan a ninguna parte más que a un lugar triste. Pero, en momentos como el descrito, es imposible abstraerse de ellas.
Un cafecito ? Nunca he dicho que no a una invitación semejante....
Saludos.

Ma. Candela dijo...

la nostalgia la evito! Generalmente acompaña a mis satisfactorios encuentros de los que luego me arrepiento!

:)

Carlos Paredes Leví dijo...

Ma. Candela:
Sí, es mala compañía....
Saludos.