sábado, 31 de mayo de 2008

LEVANTE. O NO

Llevaba una vida malsana, fumando demasiado, bebiendo en exceso, abusando de la carne roja y moviéndome apenas lo imprescindible. Mis ojeras eran ya un mal crónico, mis cabellos encanecían a toda velocidad y no recordaba la última mañana que había despertado con una erección. Escribía, escribía y sólo escribía, sin permitirme deslices mentales que me apartaran de mi novela. Los artículos que me demandaban del periódico, los despachaba en un santiamén, sin preocuparme en demasía por el contenido ni demorarme en piruetas estilísticas tan del gusto de los lectores. Descartaba las constantes ofertas que me hacían las productoras de televisión, daba largas a otras de la radio y mi vida social se reducía a escasas conversaciones telefónicas con mi editor. No vivía más que para dar vida a unos cuantos personajes y tejer una enmarañada historia que los entrelazara. Ninguna otra cosa me importaba.

Sólo cuando llegó el día que la versión definitiva de mi novela entró en la imprenta, pude por fin relajarme y respirar aliviado. Decidí que mi vida entraba en una nueva dimensión y tal acontecimiento se merecía una metamorfosis. Fui a la peluquería, me afeité con esmero, compré ropa nueva, libros y elegí un restaurante cercano a mi domicilio, por cuya fachada había pasado en incontables ocasiones. Le tenía fé, más como premonición que por razones objetivas, así que a las nueve allá me presenté, vestido con mis mejores pilchas, empapado en perfume y con los zapatos relucientes como si fueran de charol. Siguiendo una tradición, busqué una mesa pegada a la ventana y pedí un buen vino tinto mientras llegaba la comida. Tras un pequeño sorbo, y aseverar con la cabeza ante la atenta mirada del mozo, dediqué unos instantes a escudriñar el local y la fauna humana que se había congregado. Ni la decoración ni los especímenes reunidos despertaron en mí mayor interés que el que pudiera tener un experimentado entomólogo ante la visión de una mosca común. Paredes lisas pintadas de blanco con cuadros que pretendían parecer abstractos, lámparas con cristales de colores y unas cuantas mesas ocupadas por matrimonios maduros que hablaban entre susurros. Nada del otro jueves, y estábamos a martes.

Apenas llevaba unos cuantos sorbos de un excelente vino tinto de Mendoza, que amenazaba con enviciarme, cuando la vi aparecer por la puerta del restaurante. Treintañera avanzada, morena de piel, ojos azules y un pelo oscuro tendente a ondularse, la definían como una belleza de aspecto mediterráneo y bíblico. La sonrisa franca y el tiempo demorado en saludar a los empleados, denotaba que era habitual de la casa y que estaban encantados de tenerla de nuevo entre la clientela. Mientras departía, de pie en medio de la sala, yo no podía dejar de observarla, embelesado por su presencia y dejando que mi imaginación la moldeara como si fuera uno de mis personajes. La deseé al instante e imaginé que pasaba a formar parte de mi vida desde esa misma noche. Por eso, cuando se sentó a la mesa enfrente de la mía, pensé que mis deseos eran susceptibles de materializarse y que yo tendría potestad sobre ellos si lo deseaba con fuerza. Durante la cena, no podía dejar de mirarla. Ella, por el contrario, no reparó en mí en ningún momento, pareciéndome ésta, la señal más evidente de que yo no le resultaba indiferente, y que la elección de su mesa no había sido un gesto casual sino deliberado.

Cuando terminé de cenar, me demoré con un whisky y diversas especulaciones sobre ésa mujer: ¿Qué hacía semejante bombón cenando sola un martes por la noche? ¿se sentó a ésa mesa esperando que yo hiciera algo? ¿vendría a menudo buscando compañía masculina?. Sea como fuera, siempre fui un hombre de impulsos excéntricos y confianza en la palabra escrita así que, arranqué una hoja de la libreta que siempre llevaba en la chaqueta y garabateé lo siguiente:

SOY EL FLACO DE LA MESA DE ENFRENTE; ÉSE CUYA MIRADA ESQUIVASTE DURANTE TODA LA CENA.
SIN DUDA TENÉS A UN MONTÓN DE TIPOS MEJORES QUE YO INTENTANDO DARTE CAZA PERO, POR SI ACASO, Y CONFIANDO EN TU CURIOSIDAD O ALGÚN GENEROSO GUIÑO DEL AZAR, TE DEJO MI TELÉFONO: ************ . PODÉS LLAMARME A CUALQUIER HORA Y SINO, VOY A ESTAR ACÁ, MAÑANA A LA MISMA HORA.

C.

Tras pagar la factura y añadir una generosa propina, me acerqué a la mesa de ella y le dejé la nota manuscrita, con disimulo y sin querer mirarla para comprobar su reacción. Dominando la excitación y el deseo de volverme, me encaminé con paso seguro hacia la salida, sabiendo que la suerte estaba echada y que sus ojos taladraban mi nuca.

* Dedicado a la rosarina que me mandó ésta canción.

http://www.youtube.com/watch?v=65JpQRUf8XE

33 comentarios:

©Claudia Isabel dijo...

Carlos, tenes una manera de relatar que atrapa. Quedé enganchada totalmente con la historia...no podés escribir la continuación? jajaja. Amerita saber si ella se dio por enterada de las intenciones...o la idea es generar suspenso eterno?
Muy buen relato.
Un abrazo

Carlos Paredes Leví dijo...

Claudia Isabel:
Gracias. Me halagan tus palabras.
La verdad es que no he pensado en la continuación....de todas formas, hay gente que nunca sabe cuándo ficciono y cuando narro acontecimientos de mi propia vida. Me gusta jugar con eso.
Un saludo, y espero tus actualizaciones.

ana maria parente dijo...

Que hombre tan respetuoso el personaje ,le deja absoluta libertad de vencer su propia timidez o repensar su indiferencia.
Muy bueno el relato .
Levante o no esto vendría a ser algo civilizado por parte del personaje pués deja ese final abierto que da aire a la relación.

Marcelo Levit dijo...

Lo de la nota escrita muestra la inseguridad del personaje, y esto, mi querido Carlos, las mujeres lo huelen a kilomentros de distancia ...
El segundo error es darle el telefono ...
Rara vez la mujer es la que llama, esa es nuestra tarea ...
Por otra parte, aunque quisiera, no lo llamaria, ya que expondria peligrosamente sus pensamientos.
Pero es un cuento, y no necesariamente al personaje le tiene que ir bien ...

Carlos Paredes Leví dijo...

Ana María Parente:
Sí, de alguna manera, el tipo deja toda la responsabilidad a ella y, de paso, se asegura que el interés es verdadero.....quizás sea una actitud bastante cómoda, por parte de él....
Un saludo.

Carlos Paredes Leví dijo...

Marcelo Levit:
Es cierto eso que apuntas del teléfono, por eso, deja la opción de que si tiene curiosidad por conocerlo, al día siguiente va a estar en el restaurante...
Hay bastante de inseguridad pero el tipo muestra cierta habilidad y seguro que la mina no queda indiferente ante la nota....
Un saludo.

ana maria parente dijo...

Que expertos en mujeres son ambos.Yo opino que hay tantas mujeres como granos de arena en el mar y todas proceden distinto.Me parece que la mencionada mordería el anzuelo.
No se ,me parece que si se dió cuenta que el mister la miraba y se hizo la desentendida lo llamará.
Si es tímida la nami ,quizás se anime.Quedarán tìmidas?
Otra cosa,entre mil que la llaman y no le gustan y éste que a lo mejor le gustò y por eso disimuló o no se animó creo que preferirá llamarlo.
Uno de los relatos que más me gustó.

Carlos Paredes Leví dijo...

Ana María Parente:
Me gusta mucho esto que apunta....me ha dejado pensando. A mí, me ocurrió algo parecido con una novieta, bailarina para más señas, que tuve hace tiempo. Hablaba con todos menos conmigo pero siempre rondaba por dónde estaba yo. Pero en éste caso fui yo quién llamó.
Un saludo y me alegro que le gustara.

ana maria parente dijo...

Marcelo me extraña que digas que una mina a un mister así no lo llama.Pienso que el garabo demuestra su gran interés , demuestra humildad y también capacidad mental.
Hasta las muchachas de antes ,en tiempo en que las relaciones eran"más formales",llamábamos en un caso así.
Escribe tan bien Carlos que esto es vida virtual no literatura.

Makiavelo dijo...

Con la Feria del Libro recién inaugurada es una buena ocasión para que el editor se luzca con la promoción.

La escena del restaurante me trajo a la memoria algo parecido vivido en el bus con una mina a la que le perdí la pista con los años.

Saludos

Carlos Paredes Leví dijo...

Ana María Parente:
Me encantó eso de "vida virtual". El otro día, cuando lo citó por primera vez, me quedé prendado de la idea...

Carlos Paredes Leví dijo...

Makiavelo:
Yo, en mis tiempos universitarios, tuve una historia con autobús de por medio. A ver si un día la ficciono....pero mientras, revélenos usted la suya...
Un saludo.

Makiavelo dijo...

Carlos, los míos eran tiempos del instituto, imberbe total.
No era Rambo pero cuando la veía no sentía las piernas.

Saludos.

Carlos Paredes Leví dijo...

Makiavelo:
Yo, en esos casos, las piernas no paro de sentirlas, porque me inquieto y me cuesta evitar cierto temblor, sobre todo en la derecha.
Saludos.

Polakia dijo...

Es verdad, a mi me pasa como mujer que puedo mirar y hablar con cualquiera, pero cuando es alguien que me atrapa, automaticamente lo evito,me cohibe, aunque trato siempre de tenerlo a la vista y esperar el momento indicado.

Gracias por la dedicatoria y me alegro que le haya gustado tanto como me gusta a mi.

Saludos.

Carlos Paredes Leví dijo...

Polakia:
Gracias a vos.
Un saludo.

Ichiara dijo...

Queda por ver si la mina llamará o no. De todas formas, creo que al escritor le alegró el día y le hizo olvidar la angustia de los meses anteriores. Fue como una recompensa a su esfuerzo; se demostró a sí mismo que aún tenía algo dentro ajeno al libro y se ofreció el regusto de la esperanza.

Es un bonito relato, y tiene el encanto de lo antiguo, con notitas de por medio.

Seguro que la chica llamó, tanto si se percató de él como si no. Se ve por su actitud que era extrovertida.

Un saludo, sr escritor

Carlos Paredes Leví dijo...

Isabel:
Yo coincido con usted en eso de que, a él, y también a ella, se le alegró el día. De vez en cuando, uno tiene que dejarse llevar por los impulsos excéntricos (yo lo hago a menudo) y lo de la notita tiene el encanto, como bien señala, de lo antiguo. Se sale de la norma, difiere con la mayoría de hombres que la asedian a diario y pone un tono nuevo sobre el horizonte. Yo, creo que no llamará pero sí acudirá al restaurante al día siguiente.
Un saludo, Maestra.

Ichiara dijo...

Carlos, pinché el link de la canción y me sale el hotmail. No sé si es un problema de mi pc. Tengo la curiosidad femenina ¿Cuála es?

Carlos Paredes Leví dijo...

Isabel:
Ostras ¡¡
Es "A tout le monde", de Megadeth.

Juan Pablo dijo...

Ni en pedo lo llamó, laménto desilusionarlos.
Las minas se especializan en hacernos creer que está todo bien. A mí, como a Makiavelo me remontó a una vieja historia colectiveril, donde le dejé el fono a una piba con la que viajaba seguido y nunca, en los 25 años que tengo, me llamó. Claro, a lo mejor lo llamó a Makiavelo, y el otro que es un caballero no me lo iba a enrostrar en la jeta... Pero lo dudo, no por él, sino por ella/s, que nos hacen creer cualquier cosa, todo el tiempo, y siempre.
¿o me equivoco?, amigo.

Para más datos, acabo de ver la peli "la mujer de mis pesadillas", que te lo pinta tal cual.

Un saludo.

Carlos Paredes Leví dijo...

Juan Pablo:
Como le indiqué a Isabel, yo tampoco creo que ella vaya a llamar...sino, más bien, que pasará por el restaurante. Usted sabe, tanto como yo, lo que a las mujeres les cuesta usar el teléfono para estas cosas. Es parte de un orgullo mal entendido y endémico en su género. Una verdadera lástima.
Un saludo, compañero.

Frabisa dijo...

Bueeeeno, bueno, es que eso de la "notita" no me puede rechiflar más!!

¿Porqué se habrá perdido esa costumbre tan de "Amistades Peligrosas"? Es como los sms que son mucho menos "invasores" que una llamada al móvil. Lo mismo me parece de la perdida costumbre de que dos personas que se atraen se lo comuniquen vía "notita". Si hay feeling, se contesta la nota y tan estupendo y si no lo hay, ambos se ahorran un momento tenso.

Fantástico, yo me inclinaría por hacer uso del teléfono, no sé, creo que suavizaría el encuentro.

Carlos, tus historias ligonas son fantásticas, siempre me parecen muy reales. Quizás.... porque lo son ¿no?

un beso

Carlos Paredes Leví dijo...

Frabisa:
La verdad es que a mí me encanta eso de las notitas y las cartas. Como escribió Pessoa; "todas las cartas de amor son ridículas, no serían ridículas si no fueran cartas de amor....". Y eso es lo que las hace tan especiales.
Lo del teléfono, qué quiere que le diga. Yo llevo tiempo parado junto al aparato a ver si alguna de las mujeres que quise me vuelve a llamar pero....no hay manera. Se ve que no soy los suficientemente seductor y la huella que les dejé es demasiado superficial....
En muchas de mis historias hay algo real (tengo alguna anécdota con notitas de por medi0) aunque más no sea por dar rienda suelta a determinados anhelos.
Un saludo.

Juan Pablo dijo...

A ver si entiendo, ¿usted estaría dispuesto a recibir llamadas de alguna de sus ex? y en ese caso ¿para que?.


Ps, Ahorráte de llamarme Curioso, hincha bolas o preguntón porque ya lo sé.

Carlos Paredes Leví dijo...

Juan Pablo:
No lo había pensado....supongo que depende de qué ex. ¿Para qué? no lo sé....ya sabe que yo no me agarro al pasado pero, estos días, ando sentimental y con el tono vital bajo...estoy viejo y cansado.

Será usted todo eso, pero se le quiere.
Imagínese si me diera por escribir cosas autobiográficas.....menudos comentarios me tocaría leer....
Un saludo.

Raquel Barbieri dijo...

Charles,

Me encantó la evolución del personaje, desde la dejadez inicial hasta su determinación de ir al restaurante, pasando por su renovación personal. ¿Sabés lo que creo yo de estas situaciones? Que son en realidad el resultado de intuiciones, no un mero estar cansado de una situación y determinarse a salir, sino una fuerza superior que en algún momento se manifiesta, puja y sale.
Él debe haber percibido en forma no consciente que tenía que arreglarse y salir porque algo bueno estaba por pasarle, al menos, el inicio de algo bueno.

Por eso creo que ella sí se va a comunicar. Por eso apareció sola también: Era el destino.

Dos saludos :)

Alicia dijo...

Carlos, me encantó el cuento... es más también ya quiero saber cómo siguió... pero para mi, corre por mi cuenta... lo que el protagonista sintió en la nuca no eran los ojos de ella, era su respiración... para mi el personaje ni llega a la esquina... ni teléfono, ni al otro día a la misma hora... hay cosas que no se piensan, se sienten.
Por qué tira esos finales inconclusos, valga la contradicción, ahora nos tiene a todos imaginando cómo sigue...
Muy bueno! Gracias porque mi vuelta en Subte esta tarde tuvo otro color y matizó mi lunes gris.
Saludos

Makiavelo dijo...

Juan Pablo puedes estar tranquilo la mina desapareció con el cambio de autobús, los encuentros sólo duraron unos cuantos viajes.

Saludos.

Carlos Paredes Leví dijo...

Raquel:
Sí, puede que fuera el Destino, que se muestra juguetón y con ganas de dar guerra.
Ahora, al leer tu comentario, me acordé de cuándo te dió el impulso de cortarte el pelo.....
A ver si ésta tarde llamó a Yair y te informo.
Dos saludos.

Carlos Paredes Leví dijo...

Alicia:
La verdad es que yo me decanto porque ella no le va a llamar pero, me arriesgo a creer que va a acudir al restaurante al día siguiente.
Mis textos no pueden alargarse mucho, porque entonces nadie los leería (esto es un blog y ya se sabe....). Me interesa y pica la curiosidad conocer vuestras opiniones sobre las situaciones que planteo.
Un saludo.

Yo también prefiero el subte al colectivo.

Churra dijo...

Yo nunca llamaria por telefono pero probablemente y teniendo en cuenta que llevabas los zapatos relucientes (siempre es un punto a favor)volveria a cenar al dia siguiente ..
Besos

Carlos Paredes Leví dijo...

Churra:
Sí, la mayoría de las mujeres no llamarían....pero algunas sí, curiosas y halagadas, se presentarían en el restaurante a la noche siguiente. A fin de cuentas, ella, como clienta habitual, juega en casa....
Un saludo.