lunes, 3 de septiembre de 2007

Conciencia elástica

Había transcurrido más de una semana desde su encuentro con la Innombrable y la paz de los primeros días, que él presumía sería perpetua, comenzaba a tambalearse por un nerviosismo creciente. Era el efecto pernicioso de una conciencia que le acosaba a preguntas. Incómodo ante la perspectiva de sentarse a reflexionar y buscar las respuestas deseadas a tan incómodas cuestiones, se entregaba al ocio y el entretenimiento. Largos paseos con sus perros, el visionado de películas tumbado en el sofá, alguna cena fuera con Gabriela, visitas a los escasos amigos que tenían y lecturas sencillas copaban sus días, sabedor de que sentarse ante su pc a escribir sería un ejercicio estéril y no lograría armar ni siquiera una frase convincente. Pero el tiempo jugaba en su contra y tarde o temprano tendría que afrontar un concienzudo análisis de las encontradas sensaciones que le rondaban amenazantes. “Mañana” se dijo una vez más otorgándose un nuevo plazo y simulando un estado de felicidad y alegría que por inusual, despertaba la intuitiva desconfianza de su esposa. Fortunato, en los momentos de euforia, deseaba sincerarse con ella y contarle todo con pelos y señales. Sin embargo, por experiencia propia y ajena, tenía muy claro de lo contraproducente de tal acción. Por mucho que ella lo amara, era una mujer orgullosa y con unas normas morales autoimpuestas, que le harían imposible perdonar la traición. Sí, la había traicionado, y esto no iba a cambiar aunque lo camuflara o justificara con los argumentos más rebuscados e inverosímiles.
Esa noche la pasó despierto, desvelado hasta casi el amanecer. Con apenas una hora de sueño, salió ansioso a pasear por las calles de Ferrara, y sus pasos le llevaron al Café Contini. No bien entró, fue a instalarse en una mesa pegada a una ventana y pidió un café americano y un trozo de tarta de chocolate. Demoró el acto de comenzar a pensar en sus circunstancias hasta rematar el desayuno con una copita de limoncello Stock (siempre pedía esta marca y no podía dejar de pensar en su fundador, el singular Lionello Stock). Cuando la copa quedó vacía, permitió que su mente se concentrara mientras sus ojos miraban, sin ver, el tránsito de la calle. En la confrontación de preguntas y respuestas, dudas y certezas, sacó en claro que, por encima de todo, le daba pánico pensar en la posibilidad de que su matrimonio se disolviera. Aparte de esto, y de modo secundario, tuvo que admitir que no sentía indiferencia hacia la Innombrable, que en su sesión matutina de cama había experimentado mayor placer del que reconocía y que era un error minimizar, con desprecio, el significado de sus años compartidos con ella. Intentó paliar su incipiente sentimiento de culpa diciéndose que no era un hombre lineal, sino un individuo con marcadas aristas y tan humano que sus comportamientos escapaban, de vez en cuando, a los rigores de la lógica. Tampoco pudo evitar (es más, hasta le dio cierto morboso placer) pensar en que su faceta canalla le conferiría mayor atractivo y que su trato con las mujeres debía basarse en eso que los psicólogos llaman “refuerzo intermitente”, o sea, darles una de cal y otra de arena, alternar premios con castigos, como hacen las máquinas tragaperras con los jugadores. Sonrió y sintió el impulso de buscar el nombre de la Innombrable en la agenda de su móvil. Una vez seleccionado el número, se preguntó si debía llamarla o no, si ella alimentaría deseos de venganza o si la humillación sufrida la habría hundido en la depresión y minado su autoestima, si pensaría todavía en él o ya comenzaría a olvidarlo y, sobre todo, si aún permanecía en Italia. Deseoso de traspasar nuevamente los límites de sus antaño sólidos planteamientos éticos, pidió otra copa y siguió acariciando el pequeño teléfono, jugando con su conciencia e imaginando si de todo esto podría surgir una nueva novela.
Tentado y sonriendo como un niño consciente de la travesura inminente, cedió y pulsó el botón verde. “Que sea lo que Dios quiera”, se mintió.

34 comentarios:

Monica A. dijo...

Ya me parecía a mi que no había aprendido nada este Fortunato..
La carne es débil.. el ego puede ser tirano..
no hay nada que hacerle...

Un beso..

Mavi dijo...

Lo sabía, sabía que esto iba a pasar.

Ay, si es que somos así!!!, tan humanos y por tanto tan predecibles.

Fíjate que en este post, por primera vez, he podido entender al 100% los sentimientos y reacciones de Fortunato.

Ahora me cae mucho mejor.

Besos!!!

Carlos Paredes Leví dijo...

Mónica:
Fortunato es humano y como tal, débil...

Carlos Paredes Leví dijo...

Mavi:
¿Así que ahora le cae mejor Fortunato? Va a resultar que usted también es débil y sucumbe a las tentaciones.....

Mavi dijo...

Carlos,

parece mentira!!, ya sabe usted que yo soy de poca racionalidad para según qué cosas.

Aunque no se confunda, que yo, si me enamoro no tengo tentaciones jajaja.

Le respondí al mail.

Carlos Paredes Leví dijo...

Mavi:
Para según qué cosas siempre es mejor llevarse por las emociones..
Enamorarse ya es de por sí una tentación.
Gracias por el mail de respuesta. Por cierto ¿coincide conmigo?

Letra dijo...

Coincido con Mavi, parecía que Fortunato era una especie de extraterrestre eficazmente programado para sentir a conveniencia. Ahora nos muestra un lado más irracional, más ilógico, y por lo tanto más humano.
Ahora sí que estamos todos atrapados en la continuidad de esta historia!!!

Carlos Paredes Leví dijo...

Letra:
parece que todos coincidimos...
un saludo.

Mavi dijo...

Carlos, pues no sé si coincido la verdad, ¿lo hago? jajaja.

Letra, si es que había que dotar a este Fortunato de un poquito de humanidad, le ha quedado bien no? jajaja.

Carlos Paredes Leví dijo...

Mavi:
No se preocupe, porque yo tampoco estoy seguro de coincidir siquiera conmigo mismo...
Sobre Fortunato, ya veremos que pasa; ahora mismo está llamando por teléfono

Peggy dijo...

uy ....esta muy bien , fortunato se desnuda , reconoce que aun la inombrable tiene poder sobre el ...el juego esta echado.....ahora ella , que hara ?....apuesto que le recibe amorosa para asestar luego maquiavelicamente su venganza por la humillacion ...cuidado las mujeres nunca perdonamos ...:)

Carlos Paredes Leví dijo...

Peggy:
Yo le sugiero que no apueste demasiado, no sea que pierda...
ya veremos que pasa, pero tomo nota de sus sugerencias.

Ma. Candela dijo...

lo que Dios quiera? mmmmm será lo que la piel demande...

su comentario ya fue publicado :)

Ma. Candela dijo...

me pregunto que haría Fortunato, si fuera Gabriela el eje de esta historia... como se vería la otra cara de su moneda al ser él quien con saldo en contra y números rojos en la cuenta ignorara las travesuras de su compañera...

Carlos Paredes Leví dijo...

Ma. Candela:
Megustó eso de lo que la piel demande...."Lo que Dios quiera" sólo es una mera expresión...
Ahora mismo, Fortunato no creo que se haga esas preguntas...

Sibyla dijo...

Uffffffff¡ Esto se est´poniendo al rojo vivo¡. Me gusta que haya acabado
este post, dejando ¨la suerte echada¨
La intriga con incertidumre incluida sigue su curso.
De momento Fortunato ha demostrado
ceñirse con rigurosidad al patrón de ¨homo erectus¨.Osease que le pesa más
el sexo que el seso.

P/D: Sr Leví, ¿Sabe algo del idioma turco?. Cuando visite mi último post y comentarios lo entenderá.

Carlos Paredes Leví dijo...

Sibyla:
Sólo sé un poema de una vieja canción sefardí pero, me parece que, no va mucho con el tal Mustafá, porque hace referencia a una bella mujer y no a un tipo con bigote.
Sí, Fortunato parece acercarse más al Homo Erectus que al hombre pensante, lo que lo muestra como un hombre de pasión más que de razón...
Luego me paso por su blog para dejar un comentario sobre un post que, dado el personaje, me interesa en especial.
Un saludo.

Ma. Candela dijo...

entonces es suya la frase...

mmm será que sus neuronas salieron a pasear y descuidará el tesoro que guarda en casa... interesante giro para Gabriela sería ocultar bajo la almohada un susurro Innombrable... pero antes que me diga que esta historia se centra en la vida y milagros de nuestro amigo Fortunato, me voy a tomar un café con helado...

:)

Carlos Paredes Leví dijo...

Ma.Candela:
A mí también me entraron ganas de café (en realidad lo tomo a todas horas, como si fueran a prohibirlo...)
Gracias por la frase.
Fortunato quizás está demasiado seguro de Gabriela y entonces, confiado, se deja tentar por la otra...A lo mejor Gabriela toma más protagonismo..¡quién sabe...¡

Leuma dijo...

Me parece que la venganza de Fortunato de la innombrable le puede salir cara, anhela repetir con ella ese fogoso sexo y no creo que ella ahora ya se lo dé, y por otra parte se está jugando su matrimonio, ¿Mereció la pena vengarse?
Sr Leví, me alegra comprobar que ha recobrado usted sus ganas de escribir y que lo sigue haciendo muy bien. Un beso

Mavi dijo...

Buenos días Don Carlos,

¿qué tal continúan usted y Fortunato?

Carlos Paredes Leví dijo...

Leuma:
La verdad es que no sé qué va a ocurrir a partir de ahora pero ya se me ocurrirá algo.
Gracias por su interés. Un saludo.

Carlos Paredes Leví dijo...

Mavi:
Sin novedad ¿y usted?

Mavi dijo...

Pues también algo similar, cómo ya sabe ando bastante lineal y empiezo a hastiarme, pero por lo demás bien hasta he conseguido pluriempleo jajaja.

Carlos Paredes Leví dijo...

Mavi:
Enhorabuena por el pluriempleo.Eso mismo me está haciendo falta a mí.
Le mandé un mail.

Mavi dijo...

Dado que el euribor no deja de subir, y mi sueldo sigue siendo el mismo, no me ha quedado otro remedio.
Ya veremos cómo me va dando clases a esas criaturas que asisten ahora a los colegios jajaja.

Le contesté al mail.

Carlos Paredes Leví dijo...

Mavi:
A no, yo de dar clases a criaturas no quiero saber nada...

Mavi dijo...

Ni yo tenía el más mínimo interés, pero mis motivos no son altruistas se lo puedo asegurar jajaja

Churra dijo...

Metiendo a dios en berenjenales (es berengenales?....)
Besos

Carlos Paredes Leví dijo...

Churra:
A él le gusta meterse en las historias nuestras...

PD: pasé por tu blog pero no se me ocurrió nada para comentar en tu último post.

Germánico dijo...

Cada uno de nuestros instintos pugna con los demás para imponerse. De la lucha surgen nuestros tormentos.

¡Si al menos tuviera sentido la lógica!...pero los argumentos que utiliza cada instinto no son más que armas y escudos con los que atacar y defenderse de los otros. Todos tienen razón, ¡y no la tiene ninguno!....¡Todos tienen un derecho inalienable a alcanzar su fin!....¡pero no pueden hacerlo más que a costa de los demás!.

En ese pandemonio no puede esperarse nada lineal, salvo los certeros golpes argumentales de un instinto sobre otro, que nos hacen pensar en un pequeño diablo y un pequeño angel sobre nuestros hombros, en un Lord Henry o en un Pepito grillo, cuando la cuestión está, para nuestra desgracia, más allá del bien y del mal.....

Ijon Tichy dijo...

Hummmmm. Estoy con la opinión general: Fortunato se ha humanizado. Buscará racionalizar una excusa, pero en realidad la orden de pulsar el botón verde no viene del cerebro sino de más abajo.

Carlos Paredes Leví dijo...

Germánico:
Sólo los idiotas son emocionalmente lienales y somos más dependientes de nuestros instintos de lo que quisiéramos.

Carlos Paredes Leví dijo...

Ijon:
Sí, pareciera que las órdenes provenientes de abajo tuvieran mayor peso...