miércoles, 30 de abril de 2008

POCO AMOR

“¿Quién coño llama un domingo a las nueve y media de la mañana?” fue lo primero que pensé cuando la insistencia del teléfono me sacó de un resacoso sueño de fin de semana. De mala manera, me arrastré hasta el escritorio y levanté el tubo:
- ¿sí?
- ¿sí? – tuve que volver a repetir ante el silencio del otro lado de la línea
- Soy yo - susurró- Necesito verte – añadió tras una pausa y en tono angustiado
- ¿quién es? – pregunté por joder, porque sabía de sobra quién era
- Soy Natalia – murmuró y después de otra pausa, sintiéndose más crecida, me dijo: No me digas que ya me has olvidado….
- No, claro que no, lo que pasa es que ayer salí – mentí- y me acosté tarde y como me acabo de despertar, ando un poco boleado…
- ¿saliste?
- Sí, ¿por? – interrogué con fingida ingenuidad.
- No, por nada………tú no eres de salir
- Bueno, las cosas cambian – seguí mintiendo, sabiendo que no habían cambiado un carajo, al menos no para mejor
- Sí, supongo que sí pero…..
- Bueno ¿y qué querés? – la interrumpí
- Hablar contigo
- Hablá – dije sin concesiones
- No, por teléfono no. Necestito verte – repitió – y explicarte algunas cosas
- Está bien. En media hora en el Café Central
- Vale
- Chau – colgué, dejando en el aire su “hasta ahora, entonces”.

Me personé diez minutos tarde, a propósito, y ella ya me estaba esperando, sentada a una mesa del fondo. Al llegar a su lado se levantó para darme dos besos pero la esquivé con un “hola” y me senté directamente. Visto cómo estaban las cosas, rompió enseguida el hielo y fue al grano.

- Te quiero
- Pues me parece muy bien – dije indiferente
- ¿Eso que significa?
- Significa que me tenés podrido, que yo pensaba que sólo las argentinas eran histéricas y vos sos otra loca y que si querés quererme, queréme, pero no me rompás las bolas….- tomé aire y seguí – si en seis meses de vernos casi todos los días, no te enamoraste de mí… ¡ qué me venís diciendo ahora que me querés…¡ me dijiste muchas veces te quiero y yo fui tan boludo que te creí….pero está claro que vos decís eso como otro dice Buenos Días…..
- Es que necesitaba tiempo para pensar, para confirmar qué te quería y…
- ¿Para confirmar que me querías?. Mirá, eso significa que vos y yo hablamos idiomas distintos….para mí, el amor no se piensa, se siente….a mi no me van las historias tibias, sin pasión…..soy demasiado grande para andarme con pavadas
- Estas tres semanas no he dejado de extrañarte…
- ¿Y qué querés? ¿qué te de un premio? …………estábamos bien y desapareciste sin darme explicaciones ni ocho cuartos y ahora volvés y me decís que me querés y que me extrañaste….pero ahora ya es tarde….me cansé de vos y ya no me das confianza…..no sé si en estas tres semanas te liaste con el jardinero de tu urbanización o con un stripper, si te quedaste en casa o si saliste todas las noches buscando rollo pero da lo mismo…..
- Estaba mal…..me la pasé pensando en vos y me moría de ganas por llamarte..
- Si vos lo decís….
- Créeme, por favor ¡¡ - imploró
- ¿Cómo cuando me decías Te Quiero?
- No estás siendo justo
- Vos de eso sabés más que yo
- Y entonces……¿qué vamos a hacer? – preguntó, temerosa de la respuesta
- Vos hacé lo que querás, yo me voy a ver el fútbol con unos amigos….

Me levanté, dejé un billete de cinco euros sobre la mesa y cuando le iba a decir “chau” se me adelantó con una patética frase que nunca debió pronunciar:

- Podemos ser amigos

La fulminé con la mirada y le contesté con un clásico argentino y mucho más:

-Andá a cantarle a Gardel ¡¡. Si querés amigos, quedáte con esa oligofrénica resentida y ordinaria de tu amiga Marta o con esos tipos con que tanto te gusta chatear, o con el efebo ése que se las da de poeta y te tira los perros sin disimulo pero, a mí, dejáme vivir.

Salí por la puerta y me apresuré por llegar a casa. La cama seguía tibia y mi cabeza aún no había recobrado su sitio.

* No se dejen engañar por el uso de la primera persona porque, una vez más, es pura ficción.

lunes, 28 de abril de 2008

SIDNEY y OLGA

Los siguientes acontecimientos me fueron confiados por mi amigo y maestro Fortunato Archevolti, frente a una parrillada mixta, de carne, y una botella de Ribera del Duero. Poco importa el dónde y el cuándo, pero convengamos que fue en Madrid el pasado verano. Con su expreso permiso, paso a compartirlo, intentando ser lo más fiel a la narración original y esperando sirva de algo a quienes se vean en análoga tesitura.

Sidney Luzzatti era un mimado y privilegiado hijo de la alta burguesía milanesa. Junto a una exquisita educación y extraordinaria cultura, desde siempre palpitó en él un afán de notoriedad y de imponerse en aquello donde otros fracasaban. Su vida era un constante demostrar al mundo, o a quién fuera, que él era un elegido, un ser casi mítico capaz de coronar con éxito las cimas de lo imposible. Su familia, enquistada desde antiguo en la casta dominante, alentaba estos patológicos comportamientos con arraigado empecinamiento y temeraria inconsciencia. Sin embargo, más tarde o más temprano, cada cual encuentra su horma y la vida se ocupa de castigar la soberbia, poniendo en marcha intrincados mecanismos punitivos.

Nada sospechaba el altivo Sidney cuando en su camino se cruzó Olga Cantarelli. Apenas se la presentaron, quedó encandilado, no por sólo por el rotundo atractivo físico de la dama, sino por la cadencia de su voz al hablar, la elegancia que acompañaba sus más mínimos gestos y un halo etéreo que rodeaba su figura y provocaba que todo el mundo quisiera conocerla, en lo bíblico y en lo profano. Pero todo era apariencia. El tiempo en común, le permitió darse cuenta (tarde) de que la esencia de Olga era mucho más ligera que lo que presagiaban los signos externos y que la frivolidad nadaba en esas aguas internas al cobijo de una gruesa capa de simulación.

Cegado como estaba, tardó casi un año en armarse de valor y apartar la venda que cubría sus ojos. Entonces, horrorizado, comprendió y halló certeras respuestas, obvias para cualquier tuerto. Entendió que una mujer enamorada no desaparece misteriosamente durante días y permanece incomunicada con su amado, que no coquetea con otros hombres, que se autoimpone ciertos compromisos y acepta algunos sacrifios o renuncias si así lo requiere un futuro común. La lucidez le hizo ver que únicamente había sido un peón en manos de un ser cuyo único interés era la dialéctica del poder y el desplazamiento social. Había despreciado con altanería las advertencias de sus amigos y los llamados del sentido común, traspasado con creces el umbral de la tolerancia y sufrido un trastorno de los sentidos que a punto estuvieron de borrar el único resquicio de sensatez al que pudo aferrarse: romper con ella.

Transcurridos dos años desde la ruptura, un Sidney, alejado de los negocios familiares , triunfa como presentador de la RAI y trabaja en su segunda novela, después de una primera celebrada por público y crítica. Olga, por su parte, tampoco desaprovechó el tiempo y tras un sonado affaire con un conocido banquero, se casó con Silvio Sonnino, presidente de Alitalia y pariente lejano de Sidney.

domingo, 27 de abril de 2008

EN LA MISMA PIEDRA

Se terminó enamorando. Por casualidad, como ocurre siempre en estos casos pero, una vez más, lo hizo de la persona equivocada. Su natural tendencia a aproximarse sentimentalmente a las mujeres menos convenientes se había vuelto a manifestar, reiterándose en el error. En las ocasiones que, dejando de lado su vocación de picaflor no profesional, se involucró en historias pretendidas de largo alcance y profundo calado, retornó a la amargura del fracaso personal, a la irascibilidad del optimista decepcionado y a su existencia errática de solitario maldito.

Sin embargo, ahora las cosas eran muy diferentes. Jacques Assouline hacía tiempo que había dejado de ser un adolescente de frágil corazón y espíritu en exceso sensible. Atrás quedaron los goces sórdidos y el apego enfermizo, los cuestionamientos sin pausa y la muerte a cuotas, que sucedían temporalmente a cada uno de sus reveses amorosos. Ya no tenía tiempo para lamentaciones, aún cuando la herida hubiese sido inesperada. Debía borrar inmediatamente cualquier vestigio de la presencia del otro; de ella, y sostenerse con entereza y dignidad, evitando la más mínima idealización que envenenara su conciencia.

Mientras pensaba en esto, una iniciativa ingenua le vinó a la mente provocándole una sonrisa. ¿Por qué no te duchas, te vistes con tus mejores pilchas y sales a la calle a dar una vuelta?. Lo meditó sin cambiar el gesto, fumando plácidamente junto a la ventana de su cuarto y mirando el espeso tráfico de la calle. Con la última calada la decisión ya estaba tomada. Apenas media hora después, empapado en perfume y reafirmado en la lúcida superación del dolor, se encaminó a la av. Corrientes, tentado por un desmesurado optimismo y algún encuentro predestinado en forma de mujer.

sábado, 26 de abril de 2008

OBIITUARIO IMAGINARIO (3)

El psicólogo vienés de orígen judío, Ignatz Kiesler, discípulo de Sigmund Freud y uno de los grandes nombres en el campo de la Psicopatología infantil, se suicidó el pasado domingo en una residencia de ancianos de Golders Green (Londres) a los 98 años de edad. Kiesler puso fin a su vida tirándose por una ventana de la segunda planta.
Nacido en Viena, y emparentado por vía paterna con Hedy Lamarr, Kiesler emigró a Gran Bretaña mediados los años 30 y adquirió la nacionalidad británica en 1942. Sus padres y su hermano pequeño Berthold murieron en Auschwitz, hechos que conocería al final de la guerra pero cuya sospecha le impulsaría a enrolarse en la Brigada Judía y combatir junto a los aliados.
Como psicólogo, realizó innumerables trabajos relacionados con patologías de la infancia, tanto en su faceta de profesor en la Universidad de Oxford como en la de director de la Escuela para niños con problemas de conducta “Sara Lippman”, que dirigió durante más de un cuarto de siglo.
Autor de numerosos ensayos y artículos en revistas especializadas , publicó varios libros entre los que destacan títulos como “Freud y la voluntad sexual”, “Prejuicios en la educación”, “Pscioanálisis de los dibujos animados”, “Alteraciones del sueño en la infancia” o “Simbología de los trastornos emocionales".
Casado en el año 1946 con Sonia Furmansky, su salud sufrió un fuerte deterioro a raíz del fallecimiento de ella cuatro años atrás. Le sobreviven dos hijos: Berthold, vicepresidente mundial de Kodak y Simon, profesor de Economía en Cambridge.


Ignatz Kiesler, psicólogo, nació el 15 de abril de 1910 en Viena y falleció el 20 de abril de 2008 en la localidad londinense de Golders Green.

viernes, 25 de abril de 2008

Levante Porteño (pura ficción, como todo)

Sentados a la mesa de un Café de la av. Corrientes esquina Callao, La Mejor y yo mirábamos por la ventana el incesante paso de extraños transeúntes. Desde aquellos que optarían exitosamente a un casting para personajes de la Familia Adams, hasta viejos putos de pelo teñido y trajes despreciados por las polillas, pasando por anodinos bancarios, maduras con ánimo de levantes juveniles o muchachos vestidos de negro en trasnochada onda existencialista. Todos transitaban por Corrientes, como si comprendieran que, fuera de las celdas de los manicomios o una galería de exposiciones, ése era su lugar en el mundo.
Nosotros contemplábamos, taciturnos, callados y fascinados, el espectáculo que se nos ofrecía. No resulta extraño que el mismísimo Umberto Eco, de paseo por las librerías de viejo de la avenida, encontrara la inspiración para su célebre libro “El nombre de la rosa”. Allí todo es posible, como si vibraciones descontroladas emanaran de la gente creando las más extravagantes e insospechadas conexiones.

Animados por mezclarnos con la ecléctica fauna y con las venas saturadas de cafeína, abandonamos el local. Un cielo teñido de colores rojizos y un penetrante olor a humedad, que flotaba en la atmósfera tras las lluvias mañaneras, me reconfortaron con la esperanza de que algo bueno podría ocurrirme (como si no fuera suficiente tenerla a ella a mi lado). Pensé que cuando muriera me gustaría que esparcieran mis cenizas por esas calles pero fue un pensamiento efímero. Cuando uno está enamorado piensa en la vida, no en la muerte.

Entrábamos en librerías y salíamos con las manos cubiertas de polvo y bolsas cargadas de libros, como los enfermos de bibliofilia que éramos. Cuando ya nos íbamos, el súbito impulso de regalarle un libro de reciente edición (“La muerte de Luciana B.”, de Guillermo Martínez) me empujó al interior de un moderno local decorado en rojo y con las estanterías cargadas de libros. Apenas dentro, deambulé inquieto por entre las mesas intentando dejar rezagada a La Mejor. Quería comprárselo sin que se diera cuenta y dárselo cuando llegáramos al coche, así que la encargué me buscara un título, que sabía descatalogado, mientras yo me acercaba a Caja para hacer mi compra. La atractiva dependienta me recibió con la mejor de sus sonrisas, fenómeno que mi vanidad asoció a cierto aura seductora inherente a los Leví. Intercambiamos algunas palabras sobre si quería que me lo envolviera y si no tenía billetes más pequeños hasta que me preguntó:

- ¿sos español, no?

- Sí…. - respondí, perezoso de entrar en detalles

- ¿Es muy conocido allá Guillermo Martínez?

- No en exceso…algo más ahora que una de sus novelas fue llevada al cine por Alex de La Iglesia

- Me encanta Alex de la Iglesia…. Yo soy actriz

- Ah, qué bien ¡¡ - dije por decir algo, y añadí - yo tengo un blog y….

- ¿Tenés un blog? ¡¡¡¡ - me interrumpió emocionada como si le dijera que acababa de tomar café con Gardel

- Sí, y me dejaba comentarios Alex de la Iglesia y….

- ¿SI? – volvió a interrumpirme excitada del todo

- Sí, e intercambiamos algunas opiniones sobre otros libros del autor, como “Acerca de Roderer”, “Infierno Grande” ….

En eso andaba cuando un aparatoso ruido nos hizo mirar a mi espalda. La Mejor estaba escuchando la conversación y, con el bolso, tiró unos libros expuestos al girarse con frustrado disimulo. Por su cara, comprendí que pensaba que yo quería levantarme a la mina. Pero no, mi única intención era corresponder a su amabilidad y, de paso, coquetear un poco, pero sin más ánimo que darle un caramelo a mi Ego.
De nuevo en la calle y visto el panorama que evidenciaba su expresión avinagrada, sumado a mi natural impaciencia, me decidí por entregarle ahí mismo el regalo. Lo agarró, lo sopesó, y con una sonrisa maliciosa, me lo tiró a la cabeza.

- ¿Por? – pregunté con ingenuidad impropia de mis canas

- Por pelotudo ¡¡¡¡¡¡


* Laluz describió, en un post con fecha 15 de febrero del presente año, una escena similar presenciada en una librería de Corrientes (acaso la misma).



jueves, 24 de abril de 2008

OBITUARIO IMAGINARIO (2)

El director bonaerense Marcos Reinach fue uno de los cineastas argentinos clave de la década de los setenta, especialmente con tres títulos – “Connotaciones letales”, “Los silencios oportunos” y “Operación Tero” – con los que se afianzó su reputación como especialista en thrillers políticos.
Tras una docena de largometrajes a lo largo de tres décadas, Reinach será recordado cómo un director que mimaba a sus actores y un cineasta que se entusiasmaba en la recreación de atmósferas sofocantes, opresivas e historias complejas donde las relaciones personales estaban siempre comprometidas por las turbias maquinaciones del poder.
Durante los años 80 su carrera fue un tanto errática, para retornar inspirado en los 90 con títulos como “Laberinto”, “El general”, “Cadencias criminales” y “Lágrimas negras”.
Nacido en Villa Crespo, era hijo de un banquero francés, de orígen judío, que volcó en su hijo su pasión por la Literatura y el cine.
Doctorado en Filosofía por la UBA, comenzó a trabajar como publicista en una multinacional norteamericana, actividad que abandonó cuando vendió sus primeros guiones cinematográficos.
En 1970, después de divorciarse de la actriz Gabriela Kadarian, se había casado con la arquitecta uruguaya Sandra Hellman, madre de sus dos hijos: Alberto e Irene.


Marcos Reinach, nacido en Buenos Aires el 25 de marzo 1930, falleció ayer en accidente de tráfico en la Av. Corrientes.

miércoles, 23 de abril de 2008

OBITUARIO IMAGINARIO (1)

El escritor Tullio Segre falleció durante la noche del pasado domingo al lunes en el Hospital Israelita de Buenos Aires. El autor de “Conciencia fallida” tenía 88 años y desde hacía varios años arrastraba una grave enfermedad cardíaca. Segre fue enterrado en la más absoluta intimidad en el cementerio de Tablada de la mencionada ciudad argentina.
Había nacido en Turín y era hijo de un rico terrateniente de la Toscana. Escribió su primera novela “Crisis” en 1942 bajo el pseudónimo de Vittorio Candotti, ya que las Leyes Raciales del Fascismo prohibían las obras de autores hebreos. Segre se casó con Adriana Sinigaglia, hija del fundador de la célebre casa de licores Bizir, en 1947.
Escritor de esencia compleja, sus lenguaje, en cambio, buscaba con ahínco la sencillez, narrando historias de personajes anónimos sacudidos por la culpa o los anhelos siempre postergados.
A partir de sus segundas nupcias, con la escritora argentina Giselle Gutman, celebradas en 1955, Segre alternó grandes temporadas en Turín con otras en la capital argentina, para instalarse definitivamente en ésta en 1967.
Ganador de numerosos premios literarios, publicó siempre sus libros con Mondadori, manteniéndose fiel a ésta editorial durante más de sesenta años.
El escritor era popularísimo en Argentina y en Italia, y entre sus obras más conocidas basta citar: “Turín 1940”, “Una muchacha como otras”, “Atardeceres porteños”, “Gi y yo”, “Almas en remojo” o “Destino afín”. No sólo fue autor de novelas, ensayos y artículos periodísticos, sino también guionista de cine. La versión cinematográfica de su “Giselle” ganó el Festival de Cannes en 1980 y obtuvo un clamoroso éxito de taquilla en todo el mundo.
La desaparición de Segre ha causado una profunda conmoción, no sólo en el mundo de la cultura sino en todos los niveles de las sociedades argentinas e italianas, dada la popularidad y el cariño de los que gozaba.
Le sobreviven su segunda esposa y dos hijos del primer matrimonio.


Tullio Segre, escritor, nació en Turín en 1920 y murió en Buenos Aires el 21 de abril de 2008.