domingo, 28 de diciembre de 2008
Y entonces ? Entonces, nada...
- Yo no puedo comprometerme con nadie, Liliana….soy todavía jóven para eso y estoy demasiado obsesionado con triunfar en la literatura como para dispersarme en asuntos sentimentales…..
- Vos me tomás por boluda? Llevamos cuatro años juntos, ¡ cuatro ¡ y ahora me vengo a enterar que lo nuestro es un “asunto sentimental”…..mirá vos ¡ yo pensé que era amor….
- Sí, me expresé mal o no me entendiste…..claro que es amor lo nuestro pero aún no estamos preparados para comprometernos…mejor sigamos como hasta ahora….
- No, querido, yo ni puedo ni quiero perder más el tiempo en una relación que no avanza…..yo necesito a un tipo decente, maduro, con pelotas, cerebro y corazón….alguien que me ame y quiera crear un hogar conmigo, una vida en común….estoy harta de pavadas
- ¿Sabés que te ponés muy linda cuando te enojás…..que te parece si subimos a mi casa y….
- Dejáte de embromar….te estoy hablando en serio….vos todo lo arreglás con el sexo…es lo único que te interesa de mi, verdad?
- No, también me interesa tu cuerpo - bromeé
- Andáte a la puta que te parió, inmaduro ¡
- Está bien, perdoná, estaba cargándote……mirá Liliana, yo te quiero pero tenemos que tomárnoslo con calma…todavía no sabemos muy bien qué hacer con nuestras vidas así que es mejor que no nos precipitemos…..
- Qué no nos precipitemos?¡ te pensás que yo quiero tener hijos a los cuarenta y parecer la abuela cuando vaya a buscarlos a la escuela? …..estoy cansada de esperarte, de repetirte las mismas cosas y ver como vos pasás de todo lo que no sea vos mismo…
- ¿y entonces?
- Entonces…. quiero que tomés una decisión
Me quedé tan sorprendido por su palabras, y tan confiado en que iba de farol, que no tuve ánimo para abrir la boca y la dejé ir (para no volver a verla). Pasados mucho tiempo, me enteré que se había casado con un médico y marchado a San Nicolás de los Arroyos donde vive con sus tres hijos casi adolescentes: una nena de 13 y dos gemelos de 12. Yo, por el contrario, permanecí soltero y no pasé de ser un mediocre periodista de sucesos que publicó un par de novelitas negras, hace más de una década, que pasaron desapercibidas para crítica y público. Cada tanto, cuando me dejo llevar por mi vida literaria, conformada por mis acciones vitales y mi semblante que no por mi obra, me acerco al cementerio judío de Rosario a ver la tumba del matemático italiano Beppo Levi. Por el camino, con un nerviosismo impropio de mis años, atravieso en auto su ciudad, con los ojos bien alerta y la esperanza de encontrármela para intentar decirle lo que en aquella ocasión no pude. Tal vez que la necesito o tal vez otra cosa pero, en cualquier caso, algo que ya , carece de importancia..
miércoles, 24 de diciembre de 2008
POCO AMOR (escena sentimental entre un porteño y una española)
- ¿sí?
- ¿sí? – volví a repetir ante el silencio al otro lado de la línea
- Soy yo - susurró- Necesito verte – añadió tras una pausa y en tono angustiado
- ¿quién es? – pregunté por joder, porque sabía de sobra quién era
- Soy Natalia – murmuró y después de otra pausa, sintiéndose más crecida, me dijo: No me digas que ya me has olvidado….
- No, claro que no, lo que pasa es que ayer salí – mentí- y me acosté tarde y como me acabo de despertar, ando un poco boleado…
- ¿saliste?
- Sí, ¿por? – interrogué con fingida ingenuidad.
- No, por nada………tú no eres de salir
- Bueno, las cosas cambian – seguí mintiendo, sabiendo que no habían cambiado un carajo, al menos no para mejor
- Sí, supongo que sí pero…..
- Bueno ¿y qué querés? – la interrumpí
- Hablar contigo
- Hablá – dije sin concesiones
- No, por teléfono no. Necestito verte – repitió – y explicarte algunas cosas
- Está bien. En media hora en el Café Central
- Vale
- Chau – colgué, dejando en el aire su “hasta ahora, entonces”.
Me personé diez minutos tarde, a propósito, y ella ya me estaba esperando, sentada a una mesa del fondo. Al llegar a su lado se levantó para darme dos besos pero la esquivé con un “hola” y tomé asiento. Visto cómo estaban las cosas, tuvo el detalle de romper inmediatamente el hielo e ir al grano.
- Te quiero
- Pues me parece muy bien – dije indiferente
- ¿Eso que significa?
- Significa que me tenés podrido, que yo pensaba que sólo las argentinas eran histéricas y vos sos otra loca y que si querés quererme, queréme, pero no me rompás las bolas….- tomé aire y seguí – si en seis meses de vernos casi todos los días, no te enamoraste de mí… ¡ qué me venís diciendo ahora que me querés…¡ me dijiste muchas veces te quiero y yo fui tan boludo que te creí….pero está claro que vos decís eso como otros dicen Buenos Días…..
- Es que necesitaba tiempo para pensar, para confirmar qué te quería y…
- ¿Para confirmar que me querías?. Mirá, eso significa que vos y yo hablamos idiomas distintos….para mí, el amor no se piensa, se siente….a mi no me van las historias tibias, sin pasión…..soy demasiado grande para andarme con pavadas
- Estas tres semanas no he dejado de extrañarte…
- ¿Y qué querés? ¿qué te de un premio? …………estábamos bien y desapareciste sin darme explicaciones ni ocho cuartos y ahora volvés y me decís que me querés y que me extrañaste….pero ahora ya es tarde….me cansé de vos y ya no me das confianza…..no sé si en estas tres semanas te liaste con el jardinero de tu urbanización o con un stripper, si te quedaste en casa o si saliste todas las noches buscando rollo pero da lo mismo…..
- Estaba mal…..me la pasé pensando en ti y me moría de ganas por llamarte..
- Si vos lo decís….
- Créeme, por favor ¡¡ - imploró
- ¿Cómo cuando me decías Te Quiero?
- No estás siendo justo
- Vos de eso sabés más que yo
- Y entonces……¿qué vamos a hacer? – preguntó, temerosa de la respuesta
- Vos hacé lo que querás, yo me voy a ver el fútbol con unos amigos….
Me levanté, dejé un billete de cinco euros sobre la mesa y cuando le iba a decir “chau” se me adelantó con una patética frase que nunca debió pronunciar:
- Podemos ser amigos
La fulminé con la mirada y le contesté con un clásico argentino y mucho más:
-Andá a cantarle a Gardel ¡¡. Si querés amigos, quedáte con esa oligofrénica resentida y ordinaria de tu amiga Marta o con esos tipos con que tanto te gusta chatear, o con el efebo ése que se las da de poeta y te tira los perros sin disimulo pero, a mí, dejáme vivir.
Salí por la puerta y me apresuré por llegar a casa. La cama seguía tibia y mi cabeza aún no había recobrado su sitio.
domingo, 21 de diciembre de 2008
GUERRERO (Yair Bensusan)

Dejó las pesas sobre el suelo y se contempló ante el espejo. Su musculado y desnudo torno, perlado de sudor y salpicado de pequeñas cicatrices, producía cierta sensación de dureza y de algo intangible que irradiaba vida. Acercó a continuación su rostro y se observó con mayor detenimiento; el pelo canoso rapado, las primeras arrugas en la frente y unas incipientes patas de gallo no disminuían en absoluto sino que incluso potenciaba su atractivo masculino de marcados y rígidos rasgos. Sonrió con cierta complacencia ante lo que veía y desvió su mirada hacia su brazo derecho, gesto que combatió con moderada obstinación y éxito durante años para no evocar incómodos recuerdos. En el lateral del mismo, relucía una corazón rojo atravesado con el nombre de Shulamit, su ex mujer, en letras azules. Aún hoy, a veces se sorprendía pensando en ella, en su manera de gemir cuando hacían el amor, en los ademanes que adoptaba al hablar, en el olor del perfume sobre su piel o en cómo se enfadó por su ausencia durante el parto de sus dos hijos. Se encontraba inmerso en una complicada misión cuando nació Daniel, su primogénito, y se negó cuando lo hizo Deborah, aduciendo que tras semejante visión de un acto tan propio de la naturaleza femenina y tan ajeno a su sensibilidad, su líbido se resentiría y no desearía a su esposa de igual manera en lo sucesivo. Estaba acostumbrado a reprimir las emociones, con la supersticiosa creencia de que sino iba a lamentarlo. Él era el guerrero, un ex comandante del Tsahal que perdió al padre siendo un niño, a su mejor amigo en una absurda partida de ruleta rusa en el sur del Líbano, y que se había jugado la vida en infinidad de ocasiones, ya fuera en el frente de batalla o infiltrándose de paisano en territorio enemigo. Sabía dominar el miedo y canalizar su nerviosismo antes de entrar en acción y sin embargo, desechó sin titubeos la invitación de ex esposa para que asistiera al nacimiento de sus hijos; carne de su carne y sangre de su sangre.
Pero, desde hace un tiempo, su corazón latía de otro modo y de nada valía arrepentirse; tenía que encajar como un hombre las punzadas de la culpa. Shulamit, su gran amor, estaba casada con un millonario del Medio Oeste americano y los chicos apenas pensaban en él. Después de dar los mejores años de su vida por la defensa de su país, había perdido a su familia y casi el juicio. Víctima del stress, una posterior depresión y otras patologías de menor calado, abandonó el ejército para ejercer en el sector privado. Desestimó generosas ofertas para ejercer como mercenario en Colombia o Sierra Leona, y no tardó en viajar a Europa para ser contratado como guardaespaldas por adineradas familias judías que lo veían como un exótico bien de lujo idóneo para ser exhibido.
Ahora, frisando los cuarenta, miraba su reflejo, escudriñando dónde estaba su futuro y dónde su pasado. El primero se le escapaba y el segundo, lo llevaba marcado en la piel.
http://www.youtube.com/watch?v=2HxSicG5o7c
A quien me visita desde Pennsylvania...
viernes, 19 de diciembre de 2008
NO, NO SOY APRENSIVO
Acerca el rostro al espejo y contempla fascinado los agradables resultados de su ecuación facial. Sus rasgos no son perfectos pero sí recios, cincelados con una precisión a la que quizás no sea ajena la milenaria endogamia de su Pueblo; la nariz es de su abuelo materno, los ojos de su madre, la boca del padre y las orejas de su abuela paterna. No puede evitar cierta sonrisa de satisfacción que quizás no tenga que ver tanto con la vanidad sino con cierta admiración por las reglas de la genética. A fin y al cabo, no es más que una posibilidad entre infinitas de haber sido, y que su conjunto de desarmonías forme un todo si no bello, atractivo, es algo ajeno a él e impuesto por la caprichosa naturaleza.
- querido, venís a la cama – le llamó su mujer interrumpiendo sus casi místicas reflexiones
- ahora voy
Cerró la puerta del baño al salir y se metió entre las sábanas. Era sábado por la mañana y ambos no tenían que madrugar. La calurosa noche había sido propicia para el contacto físico y la tendencia parecía no haberse truncado por el parón de cinco horas de sueño sino más bien al contrario, como si ambos esperaran despertar para continuar donde lo habían dejado.
- ¿qué hacías en el baño? – preguntó ella
- mirarme al espejo
Ella irguió su cuerpo, apoyando el codo sobre la almohada y lo miró interrogante, a lo que él añadió;
- quería imaginar cómo podría ser un hijo mío…
- nuestro querrás decir
- claro…..nuestro
- sí querés lo averiguamos – dijo ella con picardía mientras su mano bajaba por el pecho de él y llegaba a su vientre
- vale - la detuvo él - pero, jamás me pidas que asista al parto
- dále, pero ahora besáme, tonto.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
OJOS VERDES y ESTILO BAUHAUS (rep.)

Se levantó bien temprano para recorrer a pie la ciudad. El rigor de la canícula, especialmente opresivo en el agosto de Tel-Aviv, le obligó a numerosas paradas con la apremiante necesidad de beber líquido. Sol inclemente y humedad era una combinación que acaso soportaran bien los autóctonos pero a él, procedente de la Diáspora, aquello le estaba matando y sus genes parecían haber olvidado las décadas errantes por el desierto. Aún así, no pensaba desperdiciar sus escasos días en Israel dormitando en el hotel al alivio del aire acondicionado. Quería, no sólo recorrer las principales arterias de la ciudad, sino perderse por los barrios y por las calles secundarias, terciarias o cuaternarias para empaparse de la verdadera esencia de una localidad que, entre otras cualidades, contaba con la de ser la que tenía mayor número de edificios de la Bauhaus del mundo. Al mediodía, sin apetito pero por hábito, se sentó en un restaurante cualquiera, donde comió schnitzel con ensalada y bebió vino blanco de Galilea bien frío. Luego, paseó despacio por el paseo marítimo y terminó sentándose en una terraza para tomarse un té y contemplar la quietud del Mediterráneo. La línea del horizonte separaba dos azules lisos y uniformes, uno por falta de oleaje y bañistas y el otro por la ausencia de nubes. Con la vista fija en la lejanía, le invadió cierto ánimo filosófico que dirigió sus pensamientos a las vueltas que había dado su vida. De gris contable, a escritor de éxito, de abandonado por la mujer que quería, a viudo y después otra vez casado, padre de dos hijos y dueño de dos perros. De Buenos Aires a Madrid y de Madrid a Ferrara, recorriendo esporádicamente todo el mundo para promocionar sus libros. Pensó que había familias que viven en un mismo lugar durante siglos y siglos mientras la suya llevaba la emigración y el exilio marcados a fuego en los cromosomas. Tan absorto estaba en sus ensoñaciones que no se percató de que alguien se había aproximado hasta su mesa.
- disculpá, sos Fortunato Archevolti ¿no? – le preguntó, en español con acento del Río de la Plata, una muchacha con uniforme militar
El se volvió y la miró con interés y asombro, como si acabara de despertarse de un sueño y le costara asimilar estar otra vez en la realidad.
- sos Fortunato Archevolti ¿no? – repitió ella
- .... sí, sí – aseveró también con la cabeza
- ¿me firmás el libro? – le preguntó a la par que le extendía un ejemplar de su primera novela.
- Cómo no ¡ ¿cómo te llamás?
- Sandra, Sandra Moscovici
- ¿sos porteña?
- sí, de Villa Crespo
- ¿y llevás mucho por acá ¿
- ...un año y medio
Fortunato la contemplaba sonriente. Le fascinaba la imagen de esa joven, paisana suya y que casi podría ser su hija, vistiendo ropas del Tsahal y portando, ¡ lo que son las casualidades¡ (o no) uno de sus libros. Además, le ganaba escuchar ése acento que le traía evocaciones de su infancia.
- ¿lo leíste? – preguntó sin poder contener por más tiempo la intriga que sentía ante una escena, en conjunto, tan llamativa.
- sí, ahora lo estoy releyendo.........y la verdad es que estoy descubriendo cosas nuevas...
- Entonces sentáte conmigo y me lo contás ¿qué querés tomar?.
Estuvieron charlando un largo rato, algo que nunca hacía con sus lectores que, de tanto en tanto se le acercaban a decirle los tópicos de siempre. Le sorprendió la serenidad con que le miraban esos ojos verdes, sin timideces, y la madurez que encerraban las palabras que salían de aquellos labios. A pesar de su temprana edad, esa chica había comprendido el verdadero significado de un libro que él había escrito con una finalidad terapéutica y que supuso el inicio de esa vida que siempre había deseado llevar y que ya pensaba jamás conseguiría. Le contó que trabaja en una agencia de viajes, estudiaba arquitectura y colaboraba con algunas revistas literarias, donde publicaba sus cuentos con el pseudónimo de Sandra Taronji, en homenaje a cierto mallorquín con idéntico apellido y singular existencia que terminó ejerciendo de rabino en Tierra Santa. Una historia fascinante que Fortunato escuchó seducido por la precisión de la narración, la musicalidad de la voz y la belleza del rostro que tenía enfrente. Cuando se despidieron (ella debía incorporarse al cuartel para partir de maniobras al día siguiente) él le entrego su tarjeta, por si pasaba por Ferrara, y la promesa de que la recordaría cuando escribiera su próxima novela.
No mentiría, y ya esa misma noche, no pudo dejar de soñarla...
lunes, 15 de diciembre de 2008
SOMOS NOMBRES
Para aquellos que creen que los nombres no son importantes, les diré que me llamo Marcos Chaplin pero lo mismo podría haberme llamado Marcos Kaplan, sino fuera por el caprichoso destino y mi singular abuelo. El padre de mi padre, era el único hijo varón de un ilustrado sastre de Varvosia y una piadosa mujer dedicada en exclusiva a las labores del hogar. Mimado por ésta y sus dos hermanas (mayores que él) y tratado con condescendencia por un progenitor demasiado atareado, creció al amparo de sus impulsos y una innata rebeldía ante toda norma. Desde niño, se habituó a las calles y sus leyes, comenzando a ganar dinero por dar protección a los muchachos judíos que acudían a la Yeshiva y eran increpados por obtusos muchachos eslavos cabellos rubios y rasgos brutales crecidos en hogares donde el alcoholismo era la norma. Su elevada estatura y recia constitución pero, sobre todo, la osadía y temeridad inhabitual en sus correligionarios, sorprendía a un enemigo que, aún mayor en número, temía la agresiva impiedad de sus puños. Al principio se les enfrentaba en solitario, pero luego lideró su propia banda, aumentando los límites de su territorio y las cuotas que clientes pagaban a cambio de seguridad. Ambicioso, y aún insatisfecho ante este incremento de los ingresos, decidió diversificar sus actividades con pequeños hurtos en tiendas y granjas de las afueras, además de robos a borrachos, que seguían a la salida de los locales, y en almacenes de distinta índole. Despreciaba la insistencia paterna porque aprendiera el oficio que había pasado de padres a hijos durante generaciones y se las arreglaba para estar en la sastrería familiar el menor tiempo posible, aprovechando la más mínima ocasión para escabullirse a la calle. Siendo poco más que un adolescente, se vió envuelto en la desaparición de unas valiosas joyas de cierta condesa polaca con quien tuvo un affaire, y no lo quedó más remedio que abandonar el país si no quería perder su preciada libertad o algo peor. Huyó a París, y nada más pisar suelo galo, cambió su nombre Chaim Kaplan por el afrancesado Jacques Chaplin (pronunciese Shaplán). Se asoció entonces con un paisano suyo y con un sefardita de Corfú (que importaba bienes de lujo, desde alfombras hasta lámparas de cristal pasando por joyas y objetos de culto, para vender a los judíos ricos de la capital) en una empresa de distribución de café y bebidas alcohólicas. Sus dotes de seducción le ayudaron tanto para medrar en los negocios como para andar siempre envuelto en alguna aventura con mujeres, hábito que ni perdió ni interrumpió aún cuando mi abuela entró en su vida. Ella, mi abuela, era hija de un rico empresario maderero de Besarabia y se encontraba en París estudiando Bellas Artes. Por una de esas cosas de la vida, que algunos llaman erróneamente azar, se conocieron en un céntrico Café frecuentado por artistas, se enamoraron nada más verse y, a los pocos meses, se casaron. Un año después, vino al mundo mi padre, Serge. Por esa época, mi abuelo comenzó a comprar cuadros de incipientes pintores que con el tiempo se harían célebres pero que en aquellos años nadie tomaba en serio. Su natural lucidez y una cierta premonición ante lo que se avecinaba sobre los judíos europeos le llevaron, finalizando la década de los treinta, a liquidar algunos bienes y trasladarse, con su esposa e hijo, a la Argentina, adelantándose en pocas semanas a la invasión nazi de Polonia. Con una discreta suma en efectivo y sabedor de que las pinturas adquiridas subirían de precio, aunque jamás sospechara que tanto, abrió una tienda de antigüedades en el barrio más selecto del europeo Buenos Aires. De aquí en adelante, su fortuna creció y creció, con la especulación ocasional de algunos de sus cuadros comprados en París a precio de ganga, y otros negocios que se desarrollaban en lo furtivo y al margen de toda legalidad. Vivió como un burgués hasta su fallecimiento y de entre sus hijos, fue mi padre quién siguió con el negocio. Algún día seguramente me toque a mí continuar su labor. De momento, llevo casi diez años viviendo en Madrid, gracias a la generosidad del viejo Jacques, que me legó un inmenso piso en herencia, en pleno barrio de Salamanca, un par de cuadros cuyo precio de tasación es de varios millones de euros y el inestimable consejo de que me deje llevar por mis intuiciones y no por lo que me diga mi padre. Como no quiero vender las preciadas obras y mucho menos pedir dinero a mi familia, me dedico a trabajar como contable además de escribir, de manera más o menos regular, para revistas de arte y decoración. Nada fatigoso pero sí lo suficientemente entretenido para hacer llevaderas las horas del día.
Aparte de eso, no tengo novia (ni la busco) y me encamo con todas las puedo, como con la que quedé para cenar esta noche; Mónica, aspirante a actriz a la que le da mucho morbo liarse con un descendiente del genial cómico británico (una mentira muy socorrida por mi parte, cuyas versiones varían, y que me ha otorgado no poca satisfacciones). Bueno, y ahora les dejó que todavía me tengo que duchar, afeitar y cambiar de ropa. Ustedes, mientras, pueden seguir pensando en eso de que los nombres no son importantes pero yo les aseguro que, de apellidarme García, esta noche me tocaba dormir solo. Gracias, abuelo.
http://www.youtube.com/watch?v=hiKGd3e4xFw
Para ud., Haim
viernes, 12 de diciembre de 2008
ASADO PARA TRES (Fortunato Archevolti, Mauricio Melul y Leví)
Como en tantas ocasiones, habíamos quedado en la parrilla de Díaz Vélez esquina Hidalgo. A nuestro deseo de comer la mejor carne del planeta, acompañándola de algún buen vino, se unía la necesidad de vernos, charlar y sentir el calor de nuestra amistad, sincera, desinteresada y adictiva.
- MAURICIO: No, todo tranquilo….a veces me cruzo con una cuando voy a correr al parque y nos miramos pero nada más….
- LEVÍ: ¿no me vas a decir que es porque todavía te acordás de la divorciada? Tenías un metejón con la flaca….¡
- MAURICIO: No, aquello ya fue, y yo jamás vuelvo sobre mis pasos…..es curioso porque entonces pensé estar enamorado de ella y ahora mismo no siento nada cuando la recuerdo, únicamente cierto cariño y el deseo de que le vayan bien las cosas……con ésta mina del parque no sé…..yo sé, por la forma en que me mira, que no le soy indiferente pero….me gusta hacerme el duro…quiero que sea ella quien de el primer paso, que me pare un día mientras corremos y me diga si quiero tomar algo .….sería como un modo de asegurarme, no?
- LEVÍ: Eso está bien pero corrés un riesgo si esperás mucho y es, que se te pase el tiempo. El hierro hay que trabajarlo cuando está caliente ¿entendés lo que te quiero decir?....además, si la mina está buena, entonces se multiplica el riesgo de que se la quiera levantar otro tipo y tenga éxito y, por otro lado, también puede ser que la mina, pasado un tiempo, no quiera saber nada de vos….por frustración, por orgullo herido, por vanidad, porque piense que sos un parado sin carácter ni personalidad….
- MAURICIO: Bueno, también puede pasar que cuanto menos bola le de, la mina más se enganche..... estará acostumbrada a que le tiren los perros y si yo me resisto, se va a sentir desconcertada, y ya sabéis que la gente, quiere lo que no tiene…
- FORTUNATO: Bueno, pero de qué carajo estamos hablando? Si a vos te gusta la mina, acercáte a ella y proponéle tomar algo o correr juntos un par de vueltas o lo que sea para provocar un acercamiento….dejáte de joder haciendo teatro y no especules tanto al pedo… actúa¡
- LEVÍ: o sino, yo…
- MAURICIO: entonces qué….¿les gustó?
- FORTUNATO: esa mina es del gusto de cualquiera, flaco….está que se rompe de buena…
- MAURICIO: bueno, entonces esta noche, sin falta, la invito a tomar algo a ver por donde sale
- FORTUNATO: dále, pero de momento, invitanos a tomar algo a nosotros…y que sea un vino bueno y caro que hoy, por boludo, volvés a pagar vos.
* Éste tema, de mi prima Pat Benatar, es uno de los que escucho cuando voy a correr al parque: http://www.youtube.com/watch?v=sAf8phHi4IY