lunes, 22 de septiembre de 2008

PROGRAMA DOBLE: PORTUGUESES y PASEOS NOCTURNOS

PORTUGUESES
Cementerio judío de Lisboa, 1451. El mercader y navegante Abraâo de Paredes cubre su cabeza y recita kaddish ante la tumba de su amigo Salomâo Amado, médico fallecido el año anterior. Tras la oración, habla con él como lo hiciera en vida, pausadamente y con la confianza de una amistad sostenida desde la infancia. Le comunica que gracias a sus excelentes relaciones con el Infante D. Henrique, el rey Afonso V le concedió permiso para ir y regresar, con carabelas pertenecientes a la Corona, a comerciar libremente en la costa de Guinea. Seguidamente, le narra los pormenores de la empresa y cómo el sentido del destino quiso que su candidatura se impusiera a las de otros mercaderes más poderosos que él, como los altivos Abravanel, los Sasson o los Pinto. Curtido en múltiples travesías y negocios, había conseguido encandilar al heredero con su determinación, su dialéctica sincera y la firmeza de sus pronunciamientos. Su seguridad parecía inmensa y una energía, que creía olvidada hacía tiempo, discurría bajo su piel manteniéndole en un constante estado de euforia.Un tanto serenado, tras serle notificada la resolución del monarca y antes de acudir a la sinagoga a dar gracias a D-os, quiso venir a contárselo a su viejo compañero y dejar una piedra sobre su lápida como símbolo de un deseo: el éxito de la expedición.

PASEOS NOCTURNOS
Todas las noches, después de cenar, Federico Kaplan bajaba a la calle a pasear un rato por la ciudad que, de un tiempo a esta parte, se le había vuelto extraña. “Tal vez soy yo”, repetía, sabiendo que una cosa no excluía la otra. Caminando a paso acelerado, no por gusto sino porque no sabía hacerlo de otra manera, recorría una media de tres kilómetros antes de retirarse a dormir. El sano ejercicio de sus extremidades iba a la par de una ferviente actividad mental de antagónicos efectos sobre su estado de ánimo, de por sí propenso a la melancolía y el pesimismo .Tenía la convicción de que era en esos momentos cuando su cerebro alcanzaba sus mayores cotas de lucidez, cuando las grandes verdades de su existencia, se abrían paso desde las profundidades de su alma, envuelta en neblinas, hasta materializarse en sólidas ideas. Era entonces, cuando su esencia heterogénea se expresaba con mayor vivacidad, con todas sus ramificaciones unificándose en un fin común, en un personal e intransferible acto: pensar , pero a lo grande, en términos metafísicos. Para vivir, o lo que fuera eso que hacía a diario, ya tenía el resto del día, se decía de regreso a casa, abatido ante la evidencia de un destino trivial y dañino.

domingo, 21 de septiembre de 2008

VINO DULCE

Sin mucho convencimiento, más bien andando a la deriva, se perdió por calles secundarias pasando Canning. La extrañeza que le provocó esos lugares no comúnes en su historia, le condujo a una melancolía plácida de gratos recuerdos. Se vió jugando al fútbol en las veredas, en el patio del colegio y en los parques de su infancia, con las medias cuidadosamente dobladas y metiendo goles en su faceta de delantero centro goleador. Evocó las fiestas de cumpleaños de sus amigos del barrio, el primer beso que le dio esa rubia que vivía enfrente, Gabriela…¿qué será de ella? y el trato familiar con los vecinos de al lado a los que llamaba “tíos”. También dedicó unos instantes a la memoria de su abuelo materno, con el que tan poco tiempo había compartido y tan escaso cariño le transmitió, convencido de que los hombres tienen que ser duros y las emociones son cosas de hembras. Se preguntó qué pensaría, un hombre de acción como él, que había combatido en la Guerra Civil Española y entrompado en más de una ocasión con los Tacuará, de que su nieto mayor fuera escritor……Nada bueno, supuso. A pesar de todo lo quería y, cada tanto, acudía al cementerio a rezarle Kaddish, depositar una piedrita sobre su lápida y pedirle auxilio ante las cotidianidades de una vida no todo lo satisfactoria que soñó de chico pero cargada de promesas de un tiempo a esta parte.
Abstraído en esas remembranzas que le estaban haciendo perder el sosiego, se metió en un boliche de mala muerte que hacía esquina. Pidió vino blanco y paseó su mirada por el decadente local: paredes descascaradas casi a la altura del techo, mesas de formica que alguna vez fueron blancas, sillas desparejadas y una escasa clientela constituída por viejos jugando a las cartas y un grupito de tres pibes, vestidos todo de negro, en satánico aquellarre alrededor de una botella grande de cerveza. El panorama no era muy grato a la vista y los retales de conversaciones que llegaban hasta sus oídos oídos no lo mejoraba. Le pareció una alternativa óptima ponerse a mirar a la calle hasta que terminara su copa y venciera la pereza que le impedía largarse pero, para su decepción, por ahí no transitaba nadie; apenas algún perro vagabundo de andares cansino y un par de viejas cargadas con bolsas del supermercado. Un paisaje demasiado pobre para mantener fija la atención, así que enseguida perdió el interés. Volvió a echar una nueva ojeada a su alrededor y se repitió la sensación de desazón que notó al entrar. Apuró su bebida con ánimo de abandonar el boliche cuando, de pronto, sonó su celular. Era Mariel.

- Hola, bombón – atendió

- ¿qué hacés? – preguntó ella

- extrañarte….

- ¿y dónde me estás extrañando, porque te llamé a casa y no estabas?

- yo, a vos, te extraño en todo momento y lugar……

- qué versero que sos ¡……dále, decíme dónde estás…

- pasando Canning…

- ¿y qué hacés por allá?

- conociendo mi ciudad….vine acá a encontrarte a vos y escribir mis libros, así que me gusta andar por lugares que no conozco…..como una manera de gratitud y, a la vez, de nuevas búsquedas….

- estás chiflado, Leví

- Sí, pero por eso me querés……

- No, no te quiero, al que quiero es al perro de mis viejos….a vos, te amo

- ¿quedamos para comer?

- dále

- te paso a buscar, entonces......un beso

- ¿No se te olvida decirme algo?

- Ah, sí… yo a vos, también

http://www.youtube.com/watch?v=oKZwyYC0APY (R. Amador/A. Calamaro)
Para R., por lo que ya sabe.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

F.A. EN LA RAI

Fragmento de la entrevista (traducida) que el escritor judeo-italo-argentino, Fortunato Archevolti concedió el pasado día 13 del presente, a la televisión pública italiana (RAI). El conductor fue el afamado periodista Enzo Matteoli y el vídeo del encuentro puede visionarse en las páginas web de varios clubs de fans del autor.

- Entrevistador: ¿de no haber sido escritor, qué habría sido?

- Fortunato A.: cadáver, habría sido un cadáver……míre, yo me convertí en novelista porque, mi temprana viudez trajo prendida una total descomposición de mi vida y lo que yo era hasta ese momento……hasta llegar a un punto de inflexión en el que debí decidir si quería vivir o sumergirme en una enfermiza melancolía y morir, así que…. me convertí en narrador por pura desesperación…por una especie de delirio particular, subjetivo que me impedía retroceder…..en cierta manera, una particular atracción por el abismo….

- Entrevistador: ¿cómo hace usted para escribir? ¿tiene algún método? Hay muchos autores que se plantean el proceso de creación con la disciplina de quien acude a diario a la oficina….¿es así, también en su caso?

- Fortunato A.: En principio, uno tiene que escribir con frecuencia, porque si sólo lo hiciera aguardando la inspiración, rara vez escribiría una línea…..así que, todos los días, me obligo a emborronar hojas. A la vez, extraigo mis ideas más brillantes de la extrañeza, y ésta la consigo, fundamentalmente, cambiando las calles por las que camino, el cielo que me cubre, los edificios, o sea, para que me entienda: viajo. En los nuevos decorados, en esos que me reconozco extranjero hasta para conmigo mismo, es en los que siento mi verdadera naturaleza a todos los niveles….Es una forma de inducción perceptiva que me hace sentir como si estrenara vida o si salieran a escena mis egos escondidos….No podríamos vivir sabiéndonos una única persona y por eso soñamos en vigilia y recurrimos al cine o los libros en busca de historias….porque la unidad nos empobrece y nuestra realidad desea la liberación onírica….

- Entrevistador: La crítica le acusa de ser un escritor un tanto elitista y que su literatura inteligente atrae a las masas más por snobismo de éstas que por el propio criterio de los lectores….

- Fortunato A. : No me interesan los críticos, salvo cuando hablan mal de cualquier escritor que no sea yo…..

- Entrevistador: Los personajes femeninos de sus novelas son siempre complejos y, por lo general, aparecen en la vida de los hombres con efectos terapéuticos e incluso redentores……. ¿qué opinión le merece a usted el amor?

- Fortunato A. : Casualmente, ayer, leyendo un libro de Enrique Vila-Matas, me topé con un aforismo del italiano Ennio Flaiano que desconocía y que no pude dejar de anotar en mi libreta: “El amor se nutre de pequeños puntos de contacto”.

- Entrevistador: Se me está saliendo usted por la tangente, sr. Archevolti….así que se lo preguntaré de otro modo ¿es usted un hombre enamoradizo?

- Fortunato A : No. Sólo me enamoré de dos mujeres…y le voy a confesar que, a pesar de haberlas perdido a ambas, aún sigo escuchando su tintineo en mis recuerdos….

http://www.youtube.com/watch?v=PO4YdPg7Zxs

domingo, 14 de septiembre de 2008

FLAMINGO'S: ALBERGUE TRANSITORIO

Apenas entramos en el telo, me empecé a sentir culpable. Culpable de no sé qué, porque estaba separado, no debía plata a nadie y la mina que me acompañaba venía conmigo por voluntad propia. Pero así son las culpas, indisciplinadas y pendientes de nuestras flaquezas o disfrute para saltar a escena. Las llevamos inoculadas desde la infancia por nuestros padres y no logramos desprendernos de ellas.
A golpe de pura voluntad reforzada por una vigorosa erección, me adentré en la pieza alquilada en lugar de salir corriendo. Nos desnudamos, nos besamos y nos metimos en la ducha. No había prisa, porque ni a ella ni a mi nos esperaba nadie así que no nos entretuvimos en caricias sumergibles sino que cubrimos el trámite del aseo como un paso previo al posterior desfogue sobre la cama. Un par de polvos después, con un discreto intermedio en el que tomamos champán, estábamos durmiendo sin abrazarnos, espalda contra espalda, expresando corporalmente que el sexo es sólo sexo y los gestos íntimos de calado más profundo y habitualidad estaban fuera de tono entre dos casi desconocidos como éramos nosotros. Cuando desperté, ella aún dormía: boca abajo y con una manos tapadas por la almohada. Fui al baño, me metí bajo el agua y tomé la decisión de largarme de ahí antes de que ¿Berta? Sí, Berta, abriera los ojos y me pidiera que desayunáramos juntos. Sin embargo, al volver junto a la cama, sus formas bronceadas resaltando sobre el algodón blanco de las sábanas prendió mi mirada y encendió mi deseo matutino. Me acosté a su lado y comencé a recorrer su espina dorsal con los labios hasta que escuché en ronroneo que me alentó a continuar mi avanzada en pos de un nuevo asalto antes de la despedida.
Un rato después, durante el desayuno, la miré con atención, y me di cuenta de que encerraba un atractivo de mujer madura y castigada que asomaba más allá de los efectos de la gravedad sobre sus pechos, las bolsas que tenía bajo los ojos o los discretos surcos de unas prematuras patas de gallo. Era del tipo de mujeres que no sonreía con frecuencia y esa economía expresiva me hacía pensar en una predisposición al pensamiento sostenido y una sabiduría vital. Además, de sus ademanes y su lánguida mirada tristona se emanaba un halo de misterio y exotismo que aumentaba mi atracción erótica por ella. Fue entonces que comprendí que me gustaba, y comencé a alimentar la esperanza de que ojalá fuera más que un simple polvo, como si en mi interior se hubiera activado un mecanismo que me hacía más sensible de lo habitual o como si intuyera que esa mujer escondía grandes sorpresas.

Al despedirnos, con un beso en la mejilla, le entregué una de mis tarjetas y me sinceré antes de que subiera a un taxi y partiera de mi vida.

- No sé si esta noche significó algo para vos o no pero, me gustás y me encantaría que me llamaras

No dijo nada. Me dedicó una enigmática sonrisa a través de la ventanilla y desapareció entre el tráfico.

domingo, 7 de septiembre de 2008

DESPAREJOS

Lo que más me atrajo de Silvia, fue esa apariencia de haber pasado gran parte de su vida deprimida, como si hubiera aceptado como una obligación cierto estado de relativa infelicidad. Todo en ella transmitía fragilidad, vulnerabilidad y una constante y enfermiza fijación por mirar hacia el pasado como una oportunidad perdida. Tampoco podía evitar guardarse cosas pero yo sabía interpretar sus recurrentes silencios, sus lánguidas miradas perdidas y sus ganas de lágrimas conjuradas con el encendido de un cigarrillo. Mis amigos me aconsejaban que la dejara, que su baja energía existencial iba a contagiarme y que yo, apenas recuperado de mi divorcio, necesitaba a alguien más luminoso a mi lado. Sin embargo, algo en mi interior me empujaba a aplicarme en esta tarea redentora. Además, me atraía profundamente su actitud cuando teníamos sexo; concentrada, agradecida y terminando siempre en orgasmos acompañados de un llanto silencioso, privado y que la mantenía muda y ausente durante varios minutos. Había mucho más de ceremonia religiosa en nuestros acoplamientos, lo cual chocaba diametralmente con mi rutina sexual durante los cuatro años que estuve casado con mi esposa, quien veía esos momentos de intimidad como algo festivo.
Muchas veces, paseando por las calles, circulando en auto o sentado solitario en un bar a tomarme una copa me preguntaba qué hacía con ella, porque no notaba ninguna mejoría en su vida, a pesar de mis esfuerzos. Se refugiaba tercamente en una especie de autismo sentimental como si fuera una recia muralla que la protegiera de cualquier asalto foráneo y que apenas me dejaba eludir, momentáneamente, durante las escasas noches que compartíamos cama o cuando me dedicaba alguna esforzada sonrisa. Con todo, yo era consciente de que mi tiempo para ser feliz había pasado y, sentirme útil, era algo que compensaba con creces el natural desasosiego ante tamaña certeza. Así que, tendré que seguir intentándolo, porque no tengo otra cosa y, de fracasar, no sé qué voy a hacer con mi vida...

* No, no es autobiográfico.

jueves, 4 de septiembre de 2008

LA OTRA

Acodado en la barra de aquél céntrico bar, con un vaso de whisky delante, sólo deseaba que ella, mi amante, apareciera por la puerta. En casa me esperaba una mujer decente y dos maravillosos hijos pequeños para los cuales era su héroe. Sin embargo, retrasaba con alcohol mi retorno al hogar y a una atmósfera cansina que me provocaba un inacabable aburrimiento. Sólo Graciela me hacía sentir vivo. Por eso siempre pensaba en ella cuando tenía una erección, plegando mis ideales y el sentido común de mi madurez ante la tiranía traviesa y anárquica del deseo.
Ahora que ella me dejó, cansada de tantas dilaciones por poner fin a mi vida familiar, me entrego con mayor fidelidad y devoción a la bebida, en un desesperado intento de eludir a mi perturbada conciencia. Finjo trabajar hasta tarde y me acuesto de espaldas a mi esposa, ya dormida cuando regreso. Hace semanas que no hacemos el amor y apenas veo a mis hijos por las mañanas antes de irme al estudio, donde constato que no avanzo con mi novela, apenas consigo cumplir con el periódico y paso la jornada escribiéndole cartas que no envío o llamándola infructuosamente al celular. Después, cansado de existir de esta manera, me voy al bar y pido un primer whisky.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

X

Me había vuelto frío y aprendido a mantenerme al margen. Dejaba que las mujeres se acercaran a mí, se enamorasen y, una vez conseguidas, perdía interés por ellas y las abandonaba. Sin explicaciones, sin llamadas de teléfono y sin cartas. Simplemente desaparecía. No sé porqué lo hacía. Unos dirán que por algún viejo desengaño que me lastimó el corazón y contaminó el alma, otros buscarán alguna explicación metafísica; como si fuera una derivación de algún feng shui existencial o una metamorfosis que permitiera aflorar mi otro yo, y no faltarán quienes lo asocien a la lejana y traumática separación de mis padres. Y quizás todo sea más sencillo. O no. Tal vez sólo lo hago porque puedo hacerlo. O porque perdí entusiasmo por la vida y esto supone una manera sencilla de mantenerme aferrado a la misma en espera de un milagro redentor. O acaso por puro desahogo sexual aunque me guste maquillar esta opción como un modo de alcanzar cierto misticismo. Quien sabe…..