martes, 15 de julio de 2008

ENCUENTRO CON AMIGO EN PIZZERÍA

Estaba hambriento pero me daba pereza ponerme a cocinar así que, en un arranque de voluntad, me duché, cambié de ropa y salí a tomarme una pizza y una cerveza en El Ombú. El local, por fortuna para mi galopante misantropía, apenas estaba concurrido pero, con todo, me dirigí hacia el fondo, donde el elemento humano era aún más escaso. Mientras me decidía por una mesa, advertí la presencia de mi amigo, Mauricio Melul, sentado junto a la ventana. Tenía un whisky delante y miraba, pensativo, el cigarrillo que sostenía entre sus dedos.

- ¿Qué hacés acá? – pregunté al llegar a su mesa

- Nada, tomando una copa nomás…. – respondió en tono más bien tristón

- Andá, contá ……¿es por la mina ésa, no? ¿la divorciada?

- Sí…..se acabó

- ¿Qué pasó?

- Hice caso de lo vos me dijiste que, por otro lado, es lo que pensaba yo pero…resultó que Fortunato volvió a tener razón y nosotros nos equivocamos.....

- Dáme más detalles

- La llamé, me sinceré con ella….y la mina me soltó que me quiere pero no me ama, que la pasa bien conmigo pero no quiere compromisos, que ella no ofrece garantías, que ya dependió mucho tiempo de otra persona, que tiene que pensar en ella y todo eso….

- Bueno, te salió mal pero hiciste lo que tenías que hacer…..pensá que dos personas grandes como ustedes no pueden andar comportándose como adolescentes…¿qué querés? ¿una mujer o una pendeja?......vos te quedaste con la conciencia tranquila... le brindaste una oportunidad y ella no la tomó, por lo que sea, y prefirió seguir un camino distinto al tuyo…..que le vaya bien, flaco….

- ¿Sabés qué es lo que más bronca me da? Haberme equivocado con ella…pensé que era especial, única, distinta….que era La Mejor, como a vos te gusta decir….

- ¿Le dijiste esas cosas?

- Claro….

- Bueno, entonces no podés hacer nada más….si le interesás, te va a llamar en unos días, cuando reflexione sobre vos, ella y lo sucedido y sino…..no te queda otra que joderte

- Y pensar que yo me las daba de seductor y me sentía tan afortunado por haberla encontrado….¡

- No te torturés más…te merecés a una mujer que te quiera en la misma medida que vos a ella

- Tenés razón

- A menudo la tengo…..¿Otro whisky?

- Dále, que me mate el alcohol…… ya que el amor no pudo.

lunes, 14 de julio de 2008

CONVERSACIÓN MASCULINA A TRES BANDAS

Era jueves, y a una mesa del Ombú estábamos sentados Fortunato, Mauricio Melul y yo. El segundo pedía asesoramiento al primero mientras yo escuchaba y miraba a los transeúntes a través del ventanal.

- Mauricio: Sabés lo que más me jode de esto, flaco ?, que todo es un malentendido amoroso: ella cree que yo ya no la quiero y yo opino lo mismo de ella y, al final ¿sabés qué va a pasar? Que los dos vamos a caer en brazos de otros

- Fortunato: Bueno, no te quejés….yo te avisé cuando me contaste que salías con una divorciada…

- Sí, me lo dijiste pero…..

- Ese tipo de minas es para tipos con paciencia y nada pretenciosos….y vos no tenés aguante para tanto….mirá, esas mujeres tienen un rasgo característico, que es la confusión; no saben qué buscan, qué quieren ni qué les conviene…y todo lo que hacen, lo hacen mal….Te entiendo..... a mí me pasó una vez, y es fácil engancharse con ellas, porque tienen una onda especial que las hace atractivas pero….triste destino le espera al varón que se les acerque, dado que están demasiado concentradas en si mismas….en su egoísmo alentado por el psicoanalista de turno, porque todas van a uno, y que les calentará la cabeza con todo eso de “ahora tenés que mirar por vos misma” y bla bla bla”….Dejá paso a un “hombre termo”, uno de ésos que calientan para otros…y llamála en un par de años
Por otro lado, yo que vos no estaría tan seguro de que no sea más que falta de comunicación….a lo mejor sólo andaba caliente y lo más que sintió por vos fue deseo y cariño…

- Entonces ¿qué hago?

- Nada, bancáte lo que hay, como un hombre y jodéte..

- ¿Vos qué pensás Leví? – me preguntó Mauricio

- a éste no le preguntés, porque le encantan las cosas difíciles y te va a animar a que sigás adelante, perdiendo tiempo, plata y categoría en una historia que va a darte más disgustos que alegrías… - intervino Fortunato

- Yo: No sé….ya sabés que Fortunato siempre tiene razón pero, yo, la verdad es que siempre me empeño en lo difícil, porque lo fácil no me estimula y mi cerebro necesita enfrentarse a retos constantemente. Me gusta luchar contra aquello que asusta a los demás y les provoca rendirse…es mi espíritu ariano y rebelde

- Te voy a dar un consejo, y se querés lo tomás y sino, lo dejás: dejála madurar, a ver si cae por su propio peso….que sienta tu ausencia y le salga la romántica que toda mujer lleva dentro…

- ¿Te parece?

- Sí

- ¿Y vos, Leví, que decís a esto? – me inquirió nuevamente

- No es mala táctica. Esperá a que se te acerque y luego hablá con ella, poné las cosas claras y decíle que juegue con cartas sin marcar…que ya sois grandecitos para andar con boludeces y perdiendo el tiempo…corrés el riesgo de que te salga con un ramillete de mentiras para justificar su confusión y su miedo pero, vos despejás las dudas y te quedás con la conciencia tranquila

Fortunato se giró hacia mí, me miró con admiración unos instantes y, sin quitarse una sonrisa ladeada de la boca, sentenció:

- aprendés rápido, Leví

- tengo buen maestro

- Che, una pregunta más – dijo Mauricio- ¿pedimos otro vino o repetimos con el mismo?

- mejor pedimos otro más caro, que hoy pagás vos

- no hay nada como los amigos….

- Dále, pedí ¡

viernes, 11 de julio de 2008

OBITUARIO IMAGINARIO (4)

Quienes le conocieron, coinciden en que al pequeño Bergelson no le gustaba tocar el violín. Sin embargo, Shlomo, inició sus estudios musicales a los tempranos 4 años y, a los siete, ya era discípulo del reputado maestro Viktor Leviev quien, a lo largo de su vida tuvo otros alumnos luego famosos, entre ellos Sasha Aronson o David Feffer.

Bergelson, como otros tantos ilustres violinistas, nació en la ciudad ucraniana de Odessa, el 13 de abril de 1905. A los 11 años, ya poseía la técnica y el dominio musical suficiente para debutar en público, bajo la dirección del director y compositor Alexei Gomelski. Apenas un año más tarde, se traslada a San Petersburgo, donde perfeccionó su arte junto al legendario Eugene Aiszenstein, que supo inculcarle el amor por el violín y la definición de un estilo propio.

La carrera internacional de Bergelson no tardaría en comenzar. Durante la I Guerra Mundial, dió conciertos por toda Rusia, colaborando con su amigo y afamado pianista Nathan Lippman. En 1928, ambos abandonaban Rusia y Bergelson llegaría a París, con los bolsillos vacíos y un viejo violín como liviano equipaje. En la capital francesa, llegó a tocar en cafés para poder sobrevivir. Sin embargo, su enorme talento no pasa desapercibido y, en breve, se le presentaría la oportunidad de su primer viaje al continente americano, donde cosechó sonados éxitos y donde acabaría radicándose, concretamente en Argentina, tras la invasión alemana de Polonia.

Algunos críticos le achacaron un exceso de virtuosismo, poca profundidad y ser demasiado frío. Tal vez el despliegue de su técnica pudiera dar esta impresión pero, sus numerosas grabaciones nos permiten apreciar a un músico con una gran hondura de sentimiento y a un violinista que entró por méritos propios en la leyenda. Acaso su nombre no sea tan familiar al gran público como el de Menuhin, Milstein o Heifetz pero, para los entendidos, la pureza y belleza de los sonidos extraídos por Bergelson de su viejo Stradivarius de 1718 lo convirtieron en un intérprete no menos importante.

Finalizada la II Guerra Mundial, reanudó sus conciertos por Europa, actuando con las más reputadas orquestas y dejando asomar también su faceta como creador. Al respecto, dejó un legado de composiciones propias, que lo definen como un trabajador incansable.

Su hijo menor, Benjamín, fruto de su unión con la mezzosoprano Natalia Steinhauer, recogió el testigo paterno y, hoy en día, es uno de los violinistas más reconocidos del panorama internacional.


Shlomo Bergelson, violinista, nació en 1905 en Odessa y falleció, de un infarto, el pasado 30 de junio en Buenos Aires.

martes, 8 de julio de 2008

ENTREVISTA

Fragmento de la entrevista realizada el pasado día 3 del presente mes al escritor Fortunato Archevolti en un canal de la Televisión Pública española:

- Entrevistadora : Muchos le consideran un escritor italiano, otros argentino y no pocos, un autor eminentemente judío ¿usted qué se considera?

- Fortunato: Yo me considero un escritor, sin más. No tengo ninguna filia por los etiquetados…

- Sus últimos libros ya no transcurren en Italia sino en Buenos Aires. ¿Hasta qué punto tiene esto que ver con su actual residencia en esta ciudad?

- Nací en Buenos Aires y llevaba bastante tiempo sin volver. Al hacerlo, experimenté la renovación de un amor interrumpido por la distancia, diferido en el tiempo pero nunca destruido. Sus calles me transmiten la certeza de que allí todo es posible y además, considero al argentino un individuo con vocación de personaje, lleno de rarezas, matices y singularidades bien arraigadas. No es casual que allí continúe tan en boga el psicoanálisis…..hay, por otro lado, un cosmopolitismo de esencia que impregna a la ciudad y sus habitantes, que me cala muy hondo y estimula mi imaginación con gran facilidad. Allí uno puede tener de vecino a un criminal de guerra croata, un campesino italiano, un científico alemán o el sobrino de algún sultán turco….y todo esto como si fuera lo más natural del mundo…Por ejemplo, mi familia tenía trato de amistad con personajes tan singulares como Gino Olivetti, Beppo Levi o Laszlo Biro…….y a un hermano de mi abuelo incluso se le vinculó sentimentalmente nada menos que con Margherita Sarfatti……

- En su última novela, y también en su reciente libro de cuentos, vuelven a aparecer el azar, las causalidades o casualidades, la irrupción de personas decisivas en nuestras vidas y la redención….volviendo a confirmarnos que son variables básicas en su obra…

- Sí, es así. Yo sufrí en carne propia lo que es caer a un vacío que no parece tener fondo. Estuve al otro lado de la vida. Una mujer y escribir fueron las dos cosas que me salvaron de tomar una decisión drástica, de imponer mi voluntad a un miedo ancestral e incluso religioso a levantar la mano contra mí mismo….Por eso conozco los mecanismos que nos mantienen asidos a querer vivir o bien aquellos que nos la vuelven algo feo y doloroso…..
También, tengo que reconocer que siempre me sentí fascinado por el personaje central de la novela “La Garza”, de Giorgio Bassani. Edgardo Limentani tiene en mi existencia más significación que la mayoría de las personas que he conocido…

- Usted es un escritor que goza del favor del público y crítica, y sus libros ocupan posiciones de privilegio entre las listas de más vendidos…¿no tiene miedo de perder objetividad? ¿de caer prisionero de la vanidad?

- Yo no le tengo miedo a nada, y mucho menos a la vanidad, dado que sin ésta, no sería posible la creación. No voy a entrar a valorar mi calidad como escritor, porque eso lo dejo en mano de los críticos, de los cuales algunos incluso entienden algo de literatura pero, sobre el público, le diré que me leen porque mis libros le permiten obtener una experiencia más intensa de la vida. Pocos leen para tener más cultura y, mucho menos, novela.

- Una última pregunta antes de irnos a Publicidad….es un hecho sabido su éxito entre el género femenino….¿tiene algún tipo determinado de mujer?

- No, no soy tan simple de caer en ese tipo de absurdos. Ahora bien, debo decirle que, las que más me gustan, por experiencia lo digo, son las morenas de piernas largas, pelo oscuro con tendencia al ensortijamiento, y ojos del color de la Coca-Cola cuando le incide laluz. Y añadiré, que me da morbo Amy Winehouse. Esta chica, si un hombre la sacara fuera de ese ambiente en el que se mueve, se convertiría en una magnífica esposa y madre. Me encantaría verla sin esos peinados estrafalarios ni tanto maquillaje….sólo vestida con jeans, camiseta y zapatillas, paseando a su hijo por las calles de Auckland, por citar el primer lugar que me viene a la cabeza.


*Aclaración: Fortunato se expresa en un castellano "madrileño", dado que residió durante años en la capital de España.

domingo, 6 de julio de 2008

EL OTRO y YO

A los dos días de mi último encuentro con Fortunato, me fui a Mar del Plata. Mi amigo Mauricio Melul me había dado las llaves de su departamento y yo había alquilado un auto para el viaje. Necesitaba ausentarme de Buenos Aires, aunque sólo fuera durante tres o cuatro días. No es que no pudiera bancarme el amor sino que mi universo se asemejaba a un espejo resquebrajado en piezas que no casaban las unas con las otras. Me sentía presa de una inmensa conspiración contra mi vida interior y la incertidumbre parecía imponerse a todos mis actos. Estaba harto de un destino dependiente, de una realidad a la que todo llegaba pero nada pasaba como yo quería. Precisaba estar solo, debatir con mi propia conciencia y poder decir la última palabra.

Al llegar, mediodía tardío, dejé mi bolsón en el departamento y salí a comer. Las calles estaban casi desiertas, algo nada extraño en aquella época del año y mucho menos cuando, como ése día, un cielo de grises oscuros amenazaba con descargar agua de un momento a otro. A mí me gustaba esa carencia humana por las veredas, y me reconfortaba sentir el viento en la cara y una finísima llovizna sobre la cabeza. Obedeciendo a un impulso iterado en días similares, paré en un kiosco a comprar cigarrillos. Fumé con placer aspirando con fuerza pero sin tragarme el humo, delatando mi condición de fumador ocasional. Algún psicoloco diría que mi afición por fumar esos días era algo relacionado a la lluvia que caía el día de mi nacimiento y una añoranza del primer contacto con los pechos maternos. Quizás incluso estuviera sufriendo un Complejo de Edipo sin resolver pero igual me daba. No tenía pensado ni acostarme con mi madre, ni matar a mi padre.

Durante el almuerzo, di cuenta de un pescadito demasiado hecho, acompañado de papas y una botella de un vinito blanco más que decente. Rematé con dos cafés y salí otra vez en busca de las calles y la lluvia. Quería caminar y perderme. Como dijo alguien, una vida es como una ciudad: para conocerla hay que perderse en ella. Y yo estaba perdido por completo.
Con un cigarrillo siempre en los labios e indiferente a los truenos y relámpagos que vaciaban las calles de gente, me dejé llevar, con el viento golpeándome la cara y el alcohol manifestándose en mi sangre y abríendo zonas de mi conciencia por lo general cerradas. Pensé cómo Vilma me había arrastrado muy lejos del mundo interior que había sido siempre el mío, cómo desde apenas conocerla quise dormir con ella, prueba inequívoca de que iba a quererla. Pensé en esos malentendidos y silencios que duran años, sin que nadie tenga la humildad suficiente para deshacerlos. Pensé cómo la nostalgia que me asaltaba era propia de la de aquellos amantes que nunca se olvidan y me avergoncé por sentir cierta voluptuosidad ante algo tan doliente.

Cuando horas más tarde entré al edificio, lo hice empapado y totalmente ebrio. Me di una ducha y me acosté en la cama con una botella de whisky y el televisor encendido. Comprendí que aún no estaba destruido del todo y que debía continuar con mi caída. Yo era un personaje insatisfecho con la ficción que me había tocado en suerte. Me rebelaba contra ella y quería incitar a mi autor a luchar por salvarme, quería que mi autodestrucción lo enterneciera y trocara mi destino ante su teclado. Que me hiciera abandonar el espacio gris de fronteras desdibujadas donde me movía, y me permitiera acceder a otro luminoso en el que, sin duda, estaría Vilma esperándome. Caí inconsciente al cuarto whisky y no desperté hasta pasadas las once de la mañana siguiente, sin resaca y con un mensaje de ella grabado en mi celular. Comprendí, entonces, que él no era un mal tipo y que esa noche la había pasado en blanco, inclinado sobre su pc y mirando cada tanto Parque Centenario a través de la ventana mientras me cambiaba la vida. Ojalá pueda hacer lo mismo con la suya……reescribirla.

viernes, 4 de julio de 2008

MAESTRO

Una luna sin gracia, colgada del cielo no oscurecido y una densa atmósfera de vapores de asfalto y humo de tubos de escape era lo que menos precisaba para atenuar mi desasosiego. Acababa de huir del ambiente opresivo de mi departamento y me topaba con una estampa urbana que, lejos de levantarme el ánimo, me hundía en una anodina melancolía. La gente que me cruzaba me parecía fea, con rasgos anodinos y mal terminados, cacareando boludeces y moviéndose como robots mal engrasados. Los edificios, otrora tan admirados, se mostraban ahora decadentes y vetustos, evidenciando fachadas de pintura cascareada y estúpidos grafitis obra de algún mogólico con problemas de autoestima. Por suerte, en medio de aquella creciente dislexia estética, divisé a mi amigo Fortunato Archevolti sentado a una mesa del Ombú. No me había visto y lo observé unos instantes. Su elegancia natural destacaba en el paisaje humano del entorno, y una aureola luminosa, como de electricidad, parecía bordearlo mientras garabateaba palabras en una servilleta. Me acerqué a su mesa.

- ¿qué hacés por acá? – me preguntó sin levantar la vista de lo que escribía

- Salí a dar una vuelta

- ¿todo bien? – inquirió escrutando mi rostro

- Sí, bien….

- ¿qué te pasó con Vilma?

- ¿de dónde sacás eso?

- Mirá, tenés esa cara porque no dormiste y si no dormiste es porque no dejaste de escribir y si no dejaste de escribir, es porque tenés problemas con ella…..ahora, andá y decíme que me equivoco…

- Tenés razón………..lo dejamos….no sé qué nos pasa….es como si la duda se instalara sobre todas nuestras cosas….no sé si me quiere como yo quiero que me quiera y no sé si yo puedo quererla de ese mismo modo que exijo…

- ¿sabés cómo se llama eso? ……Inmadurez. Ustedes son un par de pelotudos que están sufriendo una regresión…..de un momento a otro hasta les va a salir acné…¡¡dejénse de joder ¡¡ …. en esto del amor, hay que mojarse…como las gallinas…

- ¿las gallinas?

- Sí, las gallinas…..que aprendieron a nadar para cogerse a los patos ¡¡…

Mirá, turco, cuando yo tenía algo menos de 30, tuve una novia a la que aún recuerdo cuando me asalta la nostalgia….una morocha lindísima, con un cuerpo de escándalo, mucha clase y que, además, le encantaba a toda mi familia….Pues bien, un buen día, la dejé. Por nada en particular, simplemente la planté y listo. Ella no me preguntó la causa ni nada, sólo me dijo algo que fue el mejor consejo que me dieron en mi vida y que, desde entonces, intento cumplir siempre: “Fortunato, bancáte el amor ¡”. Y ahora, yo te lo traspaso a vos. Únicamente tenés que cambiar el Fortunato por Leví, y ya está.

- Tenés razón..

- Siempre la tengo y, ahora, pedí algo de tomar

- ¿dos Fernets?

- Dále nomás.

http://www.youtube.com/watch?v=ufp0RANigro

miércoles, 2 de julio de 2008

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Liliana había ido a la costa, a pasar unos días con su madre y su hermana recién llegadas de Chicago. Yo, encerrado en casa, escribía sin parar y al anochecer salía a correr al Parque o pasear por el barrio para oxigenar un poco mi cerebro intoxicado de personajes. Sin embargo, cada vez que hacía un parón en el trabajo, mi mente se perdía en complejas especulaciones sobre el hijo que venía en camino. La idea de mi futura paternidad modificaba día tras día mi concepción de la realidad y mi posicionamiento existencial hacia el futuro. Un hombre infeliz piensa en la muerte y un hombre enamorado que va a ser padre, sólo lo hace en la vida.

A todo eso, una inquietud adicional me daba vueltas por dentro; el deseo de darle la noticia a mi buen amigo Fortunato Archevolti. Quería ver su sonrisa, escuchar sus palabras y sentir su abrazo, porque en aquella ciudad, en el ombligo del planeta, él era lo más parecido a mi familia que tenía. Había regresado la noche previa de Montevideo, así que le llamé, pasadas las seis, para ir a cenar en un pequeño restaurante por Ángel Gallardo, muy cerca de mi querido Parque Centenario.

Nos sentamos a la mesa y pedimos un buen vino, para no perder la costumbre.

- ¿qué es eso tan importante que me querías decir y no podías hacerlo por teléfono? – me preguntó apenas dio el primer sorbo a su copa

- Esperá, primero vamos a pedir los platos – apunté, incómodo por la presencia del mozo

Elegimos fetuccini con salsa de berdeo y bajamos el vino sin ningún esfuerzo, charlando de cosas profanas y eludiendo lo principal. Tras el tiramisú y meciendo levemente el vaso con whisky, Fortunato me dijo:

- ¿Qué, me lo vas a contar hoy?

- Liliana y yo vamos a tener un hijo

- ¿vamos? Mirá vos….y yo que pensaba que vos disparabas sin bala…

- Dejáte de joder, que te estoy hablando en serio………. ¿no te sorprende la noticia?

- ¿En serio? Para nada…..es algo que está en vuestro guión

Le miré extrañado y continuó:

- sí, vuestra relación, está construida en una arquitectura perfectamente simétrica desde el comienzo…es un amor maduro que se impone sin fricciones pero manteniendo cada uno su individualidad, sin combates, y con el ánimo de disfrutarse mutuamente en la admiración y la afinidad …..Os encontrastéis porque estabáis predestinados a ello, y el escenario de vuestras vidas cambió en un período increíblemente corto si se ve desde afuera y el resto….era lo que tenía que ser; una mujer enamorada que quiere tener un hijo del hombre que ama y vos, bueno… vos siempre quisiste tener un primogénito al que poner el nombre de tu abuelo…. así que ahora, si no tenés más preguntas, vamos a brindar, que tengo la garganta seca.

- Le Jayim

- Le Jayim

Y chocamos los vasos.